La buena miga

Febrero 7, 2010 por La sal de Lilit

Pan integral con nueces y orejones

Horneando pan en Bonsfocs

Febrero 6, 2010 por La sal de Lilit

Pan rústico y pan de centeno

Si hay talento, hay futuro

Febrero 5, 2010 por La sal de Lilit

Parar el reloj es bueno para renovarse y recuperar creatividad

Febrero 3, 2010 por La sal de Lilit

Yo también quiero un año sabático

- La opción de Adrià debería -según los expertos- generalizarse

DAVID FERNÁNDEZ  03/02/2010

La decisión de Ferran Adrià de cerrar durante dos años El Bulli ha desempolvado un debate impensable en una recesión: la posibilidad de tomarse un año sabático. La cultura de parar durante un tiempo para ampliar conocimientos o reflexionar de forma pausada hacia dónde se quiere orientar la carrera profesional está mucho más extendida en países anglosajones que en el ámbito mediterráneo. En un país como España, con más de cuatro millones de parados, cualquier referencia a un año sabático puede sonar ahora como un sarcasmo; sólo unos pocos elegidos como el cocinero catalán se lo pueden permitir. Los expertos en formación y recursos humanos son conscientes de la sima que se ha abierto entre teórica y práctica en el mundo laboral. Sin embargo, señalan que tomarse un año sabático eertada, aunque no exenta de riesgos. Hay que planificar muy bien esa etapa de tránsito para sacarle el máximo provecho.

“Debería ser una práctica obligatoria. Desde el punto de vista físico el estrés al que estamos sometidos nos hace perder creatividad. Poder mirar las cosas desde fuera es el secreto del éxito“, argumenta Juan Mateo, consultor y presidente de la Factoría del Cine Empresarial, empresa especializada en la formación de directivos mediante sistemas audiovisuales. “Con su decisión, Adrià vuelve a demostrar su inteligencia. Es cierto que no todo el mundo tiene el fuelle financiero para parar durante un tiempo, pero también es verdad que no todo el mundo está dispuesto a renunciar a las candilejas del éxito y retirarse cuando se está en la cresta de la ola”, opina.

La práctica del periodo sabático está mucho más generalizada en el ámbito académico que en otros gremios profesionales. Muchos profesores universitarios, principalmente en EE UU, suelen parar en su actividad docente cada seis u ocho años y dedican un curso a investigar, viajar e intercambiar conocimientos con otros colegas. En el ámbito empresarial los casos más típicos de ceses temporales de la actividad, según los expertos, suelen ser los de aquellos empresarios que, tras vender su empresa, se toman un descanso antes de dar el salto a un nuevo negocio. También suelen optar por este camino determinados profesionales que, después de trabajar para otro mucho tiempo, prueban suerte por su cuenta. Lamentablemente, ahora abunda un tercer tipo de sabático: el forzoso.

“Creo en un parón muy activo, con una agenda muy ocupada”, indica Guido Stein, profesor del departamento de dirección de personas de IESE. “Lo idóneo sería cambiar durante un tiempo de empresa. Eso enriquece la perspectiva del profesional. Es interesante salir de nuestro ámbito habitual y si se puede cambiar de país mejor que mejor. Al final terminamos leyendo los mismos periódicos, viendo las mismas películas, coincidiendo con la misma gente en los mismos restaurantes… Tenemos unos hábitos que nos uniformizan y dificultan nuestra capacidad de innovación”, añade este experto.

Carlos Alemany, director en España de la empresa de cazatalentos Korn/Ferry, considera importante que todo profesional, en un determinado punto de su vida laboral, haga un balance de su carrera para poder reorientarla en caso de que no esté contento con ella. “Suelo recomendar a los ejecutivos que cojan una hoja. En una cara les pido que escriban cuáles eran sus aspiraciones laborales cuando comenzaron su carrera; en la otra deben poner lo que han conseguido. Muchas veces las dos listas no tienen nada que ver. En esos casos es importante tomarse un periodo para la reflexión, de lo contrario vas a tener siempre más de lo mismo”, explica.

Todo el mundo tiene un momento clave en su vida profesional. Para Ferran Adrià este momento llegó en 1987, justo el año en que se convirtió en el único chef de El Bulli, y tuvo lugar en la Fundación Escoffier de Cannes. En esta localidad francesa asistió a una demostración culinaria impartida por Jacques Maximin. De la intervención del célebre cocinero francés se quedó con una frase que ha marcado su carrera: “Creatividad significa no copiar”. Más de dos décadas después, y coronado como el mejor cocinero del mundo, Adrià decide parar. En 2012 y 2013 El Bulli permanecerá cerrado al público. Será un periodo que dedicará a “reflexionar, programar y preparar” el nuevo formato del restaurante para los años siguientes. Adrià quizás se haya dado cuenta de que corría el riesgo de copiarse a sí mismo y, para no traicionar la máxima de Escoffier, ha preferido hacer un alto.

Una de las personas que mejor conoce a Adrià, tanto desde el punto de vista personal como profesional, es Marcel Planellas. Profesor de Empresa de Esade, Planellas elaboró tras una minuciosa investigación el caso de Adrià en 2007. Este trabajo, que ahora estudian los alumnos de la escuela de negocios, basa su tesis en la creatividad como elemento diferencial y clave del éxito de El Bulli. El restaurante no es ni el más lujoso ni el mejor situado y por eso debe usar otras armas para atraer clientes. Esa arma es la innovación, el talento. Es una baza que, sin embargo, tiene como peaje un enorme desgaste, lo que justificaría la decisión del chef de tomarse un periodo de reflexión.

“El modelo exige un gran esfuerzo y ha forzado a Adrià a dosificarse. Primero tuvo que abrir sólo medio año, luego optó por dar sólo cenas y ahora le lleva a anunciar el cierre de los servicios durante dos años”, explica Planellas. Este profesor compara la labor de Adrià con el de los diseñadores, que cada cierto tiempo tienen que presentar una colección en la pasarela y someterse al juicio de la crítica. “El Bulli no da a Adrià ingresos sino reputación que es la que le permite abrir otros negocios como la consultoría, la publicidad, que son las que le hacen ganar dinero para poder comprar su libertad creativa”.

Planelles cree que todos los trabajadores que deciden tomarse un periodo de reflexión en algún momento de su carrera deben hacerse preguntas vitales, ser conscientes de lo que quieren conseguir, marcase objetivos. También se ha de asumir que esta alternativa implica riesgos.La alternativa es quedarse igual. Dejar un entorno estable y embarcarse en otro proyecto es una incertidumbre. Nadie nos garantiza que el nuevo puesto sea mejor, pero al menos habremos crecido como personas. La mejor decisión de futuro es protagonizarlo”, enfatiza el profesor de Esade.

A diferencia de lo que ocurre en otros países desarrollados, la cultura del año sabático está poco extendida en España. Esta falta de práctica explica en parte la reacción de escepticismo que ha tenido mucha gente tras conocer la decisión de Adrià, vinculando ese tiempo de parón a vacaciones cuando el cocinero ha reiterado que se tratará de una fase de trabajo aunque no de cara al público.

En EE UU, por ejemplo, nadie se llevó las manos a la cabeza cuando el vicepresidente ejecutivo de Oracle, Charles Rozwat, decidió el pasado verano tomarse un año sabático. Tras la compra de Sun Microsystems y el lanzamiento de uno de los paquetes de software más ambiciosos de la compañía, Rozwat comunicó que se había matriculado para realizar un máster en Administración Pública en la Universidad de Harvard, donde pasará un año acudiendo a clase.

“La imagen que tenemos los españoles de los periodos sabáticos es claramente diferente por un aspecto cultural”, argumenta Juan Mateo. “En los países anglosajones, contrariamente a lo que podría pensarse porque el protestantismo sitúa el trabajo como lo más importante y se relaciona directamente con la felicidad, es donde hacen más hincapié en la teoría del año sabático porque saben que el descanso facilita y mejora la productividad”, añade.

En el mapa empresarial español uno de los pocos y más conocidos ejemplos de periodos sabáticos fue el protagonizado por Juan Arena. En 1999 el entonces consejero delegado de Bankinter decidió marcharse a Harvard para completar su formación. “Necesitaba entender lo que significaba Internet. La penetración de la web en España era muy pequeña y por tanto la experiencia era muy corta. Necesitaba ver un mundo mayor, distinto al de aquí”, explica. Arena considera que esta experiencia ha sido una de las mejores de su vida porque le abrió “un mundo de posibilidades” y le ayudó a proponer cambios en el modelo de negocio de Bankinter.

Este directivo califica de “excelente” la decisión de Adrià. “Me hace sentir un enorme respeto por él”. Sin embargo, reconoce que no es fácil tomar una decisión de este tipo. “No sólo porque a veces no se entiende en el entorno sino porque también implica un cierto riesgo personal y porque en el fondo da pereza asumir ese riesgo”. Eso sí, reivindica las ventajas de hacer un alto en el camino. “Te enfrentas a cosas nuevas que te obligan a reflexionar, a mirar el mundo de otra manera, a cambiar. En definitiva, te hace rejuvenecer, te hace sentirte que estás empezando de nuevo”.

Como reconoce el ex consejero delegado de Bankinter, que un profesional en España anuncie que se va a tomar un tiempo de descanso, aunque éste sea activo y dedicado a la formación, todavía está mal visto e incluso puede llegar a estigmatizar a la persona que decide dar este paso. “Las cosas están cambiando, pero no muy rápido”, señala Juan Mateo. “El año sabático se vincula todavía con profesionales raros, conflictivos. Todo el mundo apuesta por la formación pero cuando llega una crisis una de las primeras partidas que rebajan las empresas es la destinada a formación”.

Esta opinión es compartida por Carlos Alemany: “En España, cuando alguien salta de una actividad a otra se le mira con poca apertura de miras, se le ve como alguien poco consistente cuando en realidad puede ser todo lo contrario. Por eso la vuelta tras un año sabático es muy complicada. Vemos a estas personas diferentes a nosotros”. Sin embargo, este head hunter cree que la decisión de parar para reciclarse es un camino que habrá que seguir. “Sobre todo porque la mitad de los empleos actuales ya no existirán dentro de 15 años”.

El profesor Guido Stein de IESE, cree que a las personas que optan por tomarse un año sabático en las circunstancias actuales hay que reconocerles al menos el mérito de la valentía. “El mercado laboral ahora es como uno de esos autobuses que circulan por las carreteras de algunos países en vías de desarrollo que de tan llenos que van sale la gente hasta por las ventanas. Hay mucha gente que quiere tu puesto y quizás cuando quieras subirte al autobús no haya sitio para ti”. El Bulli ha sido elegido durante varios años seguidos como el mejor sitio para comer del mundo. ¿Conseguirá Adrià recuperar el centro cuando vuelva? Todo es posible con el gran alquimista de la cocina moderna. Aunque sus rivales ya están afilando los cuchillos.

Hindi Zahra – Imik Smik

Enero 24, 2010 por La sal de Lilit

Budapest, a quién el Danubio susurra como amante

Enero 24, 2010 por La sal de Lilit

Tú eres la dueña de las palabras, amor mío,

la que vierte en los labios el vino de Tokaj

y la lluvia harapienta

en las cajas de música

de la calle Dohány. 

La que respira en los puentes

bajo el Danubio rojo,

la que construye nidos

en los huecos de las palabras,

la que ahuyenta los miedos

en los desfiladeros del Ejército Rojo.

La que trae vida insólita

y brisa cálida de silencios.

Tú eres Buda y yo Pest,

en la orilla derecha de la melancolía. 

Cuando regrese de la niebla, cariño,

dame un beso de tornillo

en la Iglesia de San Matías y veintinueve más en el Funicular.

 ¿Me harás olvidar que no soy inmortal? 

¿Me enseñarás de nuevo a beber de tus labios

y ante tanta belleza

dejar de llorar como un pájaro de opio?  

-El invierno es frío pero corto en Budapest,

pronto podremos alquilar dos bicicletas

en la isla de Csepel- me dijiste. 

(del libro Cinta transportadora, Ángel Petisme, Premio Internacional de poesía “Claudio Rodríguez”, Hiperión 2009)

¡Salta lobito!

Enero 20, 2010 por La sal de Lilit

La imagen de un lobo ibérico saltando una cerca en mitad de la noche, obra del fotógrafo español José Luis Rodríguez y ganadora del galardón Veolia de Fotografía de Naturaleza de 2009, ha sido descalificada hoy por los organizadores del premio por considerar que vulneró las reglas del concurso. En un comunicado difundido hoy, el Museo de Historia Natural de Londres y la revista de naturaleza de la BBC, convocantes del prestigioso premio, manifiestan: “Nos entristece confirmar que después de una investigación cuidadosa y exhaustiva de la imagen (…), hemos descalificado la fotografía ganadora del fotógrafo José Luis Rodríguez”. Las primeras sospechas sobre la foto de José Luis Rodríguez surgieron cuando algunos expertos en la vida de los lobos afirmaron que, ante una cerca, lo normal es que un animal salvaje trate de colarse entre los barrotes y no saltarla. “El jurado fue convocado de nuevo y llegó a la conclusión de que era probable que el lobo que aparece en la imagen era un animal modelo, que se puede contratar para la toma de fotografías y, en consecuencia, que la imagen había infringido la regla número 10 de las normas del concurso. Según el Museo y la BBC, el jurado estudió diversas pruebas y pidió el consejo de diversos especialistas con amplia experiencia en fotografía de animales salvajes, entre ellos los lobos, y tuvo en cuenta las explicaciones del fotógrafo español. Los organizadores recordaron que las reglas del concurso son claras cuando establecen que “las fotografías de animales empleados como modelos no pueden participar en la competición” y subrayaron que esas reglas “están a disposición de todos los participantes, incluidas las versiones traducidas en numerosos idiomas”. La sospecha es decalificatoria Este premio es uno de los de más prestigio internacional que se conceden en este ámbito y los organizadores subrayaron que “cualquier violación de las reglas del concurso se toma muy seriamente”. “Cualquier sospecha de fotografías que no cumplen con lo estipulado conduce a la descalificación”, afirmaron. En el comunicado se añade que “Rodríguez negó categóricamente que el lobo de la imagen sea un lobo modelo” y se informa de que la instantánea, por la que Rodríguez recibió un premio de 10.000 libras (11.500 euros) se retirará de la exposición del Museo de Historia Natural y que viajará a otros museos del mundo. La foto de la polémica muestra a un lobo ibérico saltando una cerca de madera en mitad de la noche y, según informó el pasado mes de diciembre la cadena de televisión Sky News, el animal en cuestión vive en un zoo ubicado en las proximidades de Madrid. “Quería conseguir una foto en la que se viera a un lobo en el momento de cazar, pero sin sangre. No quería una imagen cruel”, manifestó el fotógrafo en declaraciones a la BBC el pasado mes de octubre cuando se conoció que era el profesional premiado.

Taller infantil en Bonsfocs

Enero 13, 2010 por La sal de Lilit

De tal palo tal astilla. Y la presencia de pain brioché en nuestros desayunos los domingos por la mañana tenían que acabar creando escuela. 

Al menos consiguieron despertar la curiosidad del gourmet de la casa: mi hijo.

Aprovechando las fiestas navideñas decidimos ponernos manos a la masa y lo inscribí a un taller infantil de dulces. ¿ Dónde? Pues en Bonsfocs, ¿cómo no?

Tres horas de clase con resultados sorprendentes: dos muñecos de gengibre, un pan de chocolate con árandanos y barritas de cereales.

Mi hijo salió encantado del curso y nosotros también (no veas cómo estaba el pan).

Decidamente es una actividad más que recomendable: diferente, sana y divertida. No sólo de balón se alimenta el hombre.

Ruidos

Enero 7, 2010 por La sal de Lilit

2009 ha sido un año de constataciones. De confirmar la incapacidad que tenemos por filtrar nuestras emociones y prejuicios a la hora de tomar decisiones y establecer relaciones con el mundo.

Incapacidad que veo repetirse sin fin y que nos impide avanzar. Avanzar como personas, como sociedad, como profesionales. Incapacidad por la que renunciamos a nuestros sueños y nos anclamos resignados a nuestra realidad cotidiana; por la que ponemos frenos a los sueños de los demás.

Somos seres emocionales a los que nos supone un enorme esfuerzo actuar de forma asertiva ante las decisiones y problemas de nuestra vida. Como si una gran nube de ruido nos impidiera escuchar a los demás y a nosotros mismos.

Durante este año he admirado a personas con un don de comunicación inusual que contrastaba con el que estamos acostumbrados. Este contraste me ha movido a ser mejor y a maravillarme como nunca de la mediocridad que mueve el mundo. Mediocridad en la que me incluyo.

A veces salgo de mi cuerpo en medio de una reunión, de una conversación, y observo por un rato el gran teatro de la vida como espectadora. Como personajes de una gran comedía, adaptamos un rol e interpretamos.

Desde la butaca disfruto del espectáculo. Hay auténticos y auténticas Marquesas de Merteuil y Vizcondes de Valmont en el mundo. Las cabezas adoptan forma de rinoceronte mientras una cantante calva irrumpe en la escena bailando entre luces de bohemia con una cucaracha gigante.

Es el absurdo. Una opereta.

Sonrío,  me indigno, me emociono, aplaudo.

Hace tiempo me propuse dejar de luchar contra el mundo y empezar a luchar por lo que creo. Luchar contra me provocaba un desgaste y un malestar emocional que no me compensaba. Luchar a favor me proporcionaba un espacio para canalizar mi necesidad de justicia desde la racionalidad y la coherencia de mis propios principios.

Me propuse controlar mis emociones para hacer llegar de forma efectiva mi mensaje sin renunciar a lo que creía y escuchar de forma más activa lo que el mundo me quería decir. Lo intenté como profesional, como pareja, como madre, como delegada de personal, como compañera, como hija, como amiga, como hermana. Intenté controlarme al emitir opiniones sin rigor y alejarme del negativismo que nos arrastra como un agujero negro. Lo he logrado con relativo éxito y con más subidas y bajadas que una montaña rusa.

Ahora, al hacer balance de este año, sigo pensando que tenemos el poder de cambiar el mensaje. Si queremos obtener respuestas hemos de aprender a escuchar. Sólo escuchando podremos entender y ser entendidos.

Nos enfrentamos a un mundo hostil lleno de tópicos y falsas creencias, con frecuencia incapaz de hacer reset y liberarse de prejuicios. No alimentemos su círculo, ni sus ideas preconcebidas. Intentemos mejorar nuestro mensaje y hacernos entender mejor. 

Emitamos el mensaje de que nuestros hijos son como cualquier otro, sólo que con más capacidad, y que lo único que quieren es ser escuchados y atendidos de la misma manera que lo sería cualquier otro chaval con otra necesidad específica, sea cuál sea: deportiva, artística, intelectual o emocional.

Borremos la imagen de Einsteins, Mozarts y suicidas potenciales. Informemos con rigor, con objetividad. Enseñemos, vayamos a las escuelas, hagamos charlas. Sensibilizemos, desmitifiquemos y mostremos al mundo que sólo son niños y niñas con mucho que contar al mundo y mucho que aprender. Especialmente el arte de ser feliz.

Carta a los reyes pedagogos

Enero 5, 2010 por La sal de Lilit

Magnífico artículo de opinión de Leonard Beard en el Periódico . Me permito copiarlo abajo.

Pasó la época de darle al niño todo lo que pida; ahora hay que pedirle todo lo que pueda dar

LEONARD BEARD FABRICIO Caivano

Se anuncia un pacto sobre la educación tras 40 años de reformas educativas y decenios de renovaciones pedagógicas frustradas por las inercias políticas. Los diagnósticos del sistema no son buenos. Hemos llegado hasta el finis terrae de un capitalismo salvaje con su insana epidemia del tener más para ser más y sus burbujas de mediocridad y anemia moral. Y aquí estamos, bailando el narcótico vals de la prosperidad ilimitada a una ola del naufragio total; y la orden de atrás a toda máquina consiste en «cambiar el modelo productivo». Sería de agradecer que explicaran qué quieren decir con esa expresión, en qué cambiará la vida cotidiana y quién pagará los platos rotos. Como el alcalde de Villar del Río, el pueblo aquel que esperaba el milagro de Mister Marshall, nos deben una explicación y la explicación que nos deben van a tener que dárnosla. El tiempo se agota y la paciencia es una virtud que se erosiona con el hambre. Pero esta coyuntura de crisis sistémica es una gran oportunidad para la educación. También ha explotado la burbuja formativa y hay que cambiar el modelo tradicional de enseñanza transmisiva. No se asusten: los cambios son tan de fondo que casi ni se han de notar en las formas. Primer aviso: la educación sigue siendo un derecho, pero su ejercicio viene ahora cargado de nuevos deberes. El más urgente, y el más antiguo, es el de esforzarse cada uno en impulsar en su ámbito de acción educadora un cambio de hábitos y de mentalidad pedagógica. Es el fin de la larga era de la concepción bancaria (la expresión es de Paulo Freire) de una escuela que concentra, empaqueta y transmite, gradual y universalmente, contenidos, concede hipotecas cognitivas, expide certificaciones académicas y, al fin, coloca a cada hijo de vecino en el trabajo que le corresponde de por vida. Este cuento acabó mal: temporalidad, precariedad y un desperdicio de valor añadido generacional insostenible. La juventud, manipulada en sus deseos por un lento lavado de cerebro, digiere mal la ablación escolar de su impetuosa curiosidad y su deseo de saber; y no suele invertirlos mal: se atreve a saber, piensa y pasa de la papilla made in Google. Decía Augusto Monterroso que en las bibliotecas pobres solo hay libros buenos. En las buenas escuelas solo debiera haber buenos maestros y múltiples cosas divertidamente serias que hacer con los demás. El maestro, el primer y el mejor ciudadano, punto ineludible y costoso. Habrá que acertar en elogiar la sabiduría profunda de lo que se toma por inútil a corto plazo; seleccionar contenidos sabiamente y, sin funcionalismos mercantiles miopes ni corporativismos minifundistas; volver a las pocas, cuatro o cinco a lo sumo, competencias básicas; y mezclarlas jubilosamente con las mil y una habilidades digitales y ágoras virtuales para las que nuestra infancia está predispuesta casi genéticamente. Y confiar en las buenas iniciativas de tanta gente honrada castrada por una burocracia premoderna. Para empezar: formación del profesorado, autonomía de los centros, responsabilidad social y evaluación pública de resultados. El futuro empezó hace 2.010 años. Es hora de levantar la vista de la sordidez de lo diario y de mirar hacia adelante con esfuerzo y bajo la exigencia autorizada de los mejores maestros, sean maestros muertos –clásicos que nos hablan con su palabra intemporal– o docentes vivos, maestros artesanos que, como exige Richard Sennet, estén forjados de profesionalidad y compromiso. Conciliación laboral y de responsabilidades educativas: familias sin tiempo que malcrían a sus hijos y exigen al docente que se lo fabrique a la medida de sus frustraciones; fin de los ausentes del querer y de los funcionarios del saber. Pasó la época de darle al niño todo lo que pida; ahora hay que pedirle todo lo que pueda dar. Y eso es mucho más de lo que suponemos, siempre que abonemos sus talentos y predisposiciones con la fertilidad inagotable de las viejas tecnologías del saber: la conversación, el pensamiento y la compasión. Saber mirar, escuchar, hablar y escribir; saber discriminar, razonar, disentir y asentir; hacer suyo el dolor y el placer de los otros. Añadamos una cosa más en esta ingenua carta a los reyes: el ciudadano de espíritu crítico. Entre todos lo matamos y el solito se murió: consumismo, publicidad, hipotecas de tiempo y atontamientos mediáticos. Qué moralista y antiguo suena todo esto, ¿verdad? Y, sin embargo, qué poderosa carga de futuro conlleva, precisamente porque mira hacia atrás con reconocimiento y hacia delante sin ira. Poner rumbo a un sistema educativo lento y flexible, generoso y exigente con cada cual, capaz de hacer de cada escuela el centro del mundo entero y de su tiempo la medida exacta de la maduración íntegra de cada sujeto. Esa es la característica sustantiva de lo público: que, siendo de todos, cada uno lo hace suyo, lo siente como propio y lo defiende por lo que tiene de común. Lo público es lo global a escala reducida, y viceversa. Los reyes pedagogos vienen bien cargados; a ver qué hacemos ahora los ciudadanos del reino. * Periodista. votar