Viernes, 15 de agosto. Escenario: Polideportivo Municipal en Barcelona. Me dispongo a entrar en el vestuario y se acerca un chico: “Hola guapa”. “Hola”, digo, “disculpa pero no estoy interesada”. Sólo quería hablar, ¿no te interesa?, me responde. “Pues no”. La estupefacción dibuja mi rostro.
Lunes 18 de agosto. Escenario: Centro comercial en Barcelona. Subiendo la rampa con el carro medio vacío. Se aproxima un chico. “Hola, eres muy guapa, ¿estás casada, tienes hijos? ¿Te ayudo? Se dispone a colocar mis cosas en la cinta de la caja. “Perdona, eres muy amable, pero no necesito ayuda”. Sigue insistiendo…
Supongo que estas escenas os resultan familiares a más de una. Pero es que a mí no dejan de sorprenderme. Es tanta la sorpresa que no consigo ni ser borde. No entiendo en primer lugar que alguien te avasalle por la calle sin más, pero piensas, bueno de alguna manera tienen que ligar…pero lo que me sorprende más es que digas “disculpa, no me interesa” y sigan insistiendo.
Tengo varias teorías:
· Están tan desesperados que no ven lo patético de su acción.
· Tienen un ego tan alto que les resulta imposible aceptar el rechazo.
· Otra posibilidad, te ven a ti como desesperada y quieren hacerte un favor.
· Desprendo un olor especial que atrae a los moscardones.
· No me ven como mujer, soy la imagen de su madre.
· La última, se creen con el derecho de molestar por el simple hecho de ser mujer e ir sola.
No sé, si se os ocurren más posibilidades a añadir en la lista, adelante.
En todo caso y desde aquí, para que no haya más dudas, quiero hacer público lo siguiente: “NO ME HALAGA QUE ME ASALTEN POR LA CALLE”. Lo considero un asalto a mi libertad y a mi intimidad.
Aunque considerándolo bien, cualquier día me pongo a hacer lo mismo a ver qué ocurre: “Hola guapo, ¿estás soltero? Menudo paquete, ¿te ayudo?”