La autora de este blog debe una explicación a tanto silencio. ¿No había nada de qué hablar? ¿No había tiempo? ¿Pereza? Siempre hay cosas que contar, siempre hay tiempo para dedicar aunque a veces se tenga que arañar.
La autora de este blog simplemente se encontraba calibrando una de esas montañas que la vida te pone de vez en cuando en el camino y que hay que franquear si decides avanzar.
El desnivel de estas montañas puede variar según el relieve del camino. A veces se trata de montículos. En ocasiones presentan grandes curvas que te obligan a dar enormes giros antes no alcances su cima. También las hay pantanosas, escarpadas o impenetrables. Algunas son desérticas y otras boscosas. Unas te angustian por el silencio y otras te ensordecen con el ruido.
Montañas, obstáculos, desafíos, retos, caminos, posibilidades.
La autora de este blog se encontraba en medio de una jungla y no veía el camino a seguir. Tuvo que despejarlo. Tomarse una pausa. Descartar posibles vías y evaluar si el objetivo merecía el esfuerzo de abrirse paso entre helechos y palmeras para acabar en un volcán. Lo merecía. Aunque quizá debería tomar otras vertientes, más tranquilas y más largas. Valorar otras vías y también sus propias limitaciones.
Y mientras la autora se encontraba en el campamento base esperando que la tormenta se calmara y estimando todas las opciones disfrutó con Milena Agus y su “Mientras duerme el tiburón”, rió amargamente con unos “Gloriosos” bastardos, descubrió un buen sitio de tapas en Sants, cambió el curso de la historia jugando a Memoir’44 y redescubrió el Parque de Aigüestortes. Se dijo a si misma de no dejar pasar un día sin decirle a su hijo que le quería. Arrancó las tomateras y sembró tulipanes, guisantes, canónigos, zanahorias, rábanos, espinacas y judías.
Llega otoño, época de renovación. Hay que dejar caer las hojas que ya no sirven sin nostalgía para dejar paso a nuevos brotes. Brotes que un día también caducaran merecidamente.













