Archivos de la categoría ‘Empresa’

Fairlengehender-Payments

Febrero 16, 2009

Corrigeme si me equivoco, Berto Romero. Artículo publicado en Público el lunes 16 de Febrero.

Me cuenta un amigo que la empresa en la que trabaja ha anunciado beneficios. Sin embargo, hace unas semanas, me explicaba cómo la misma empresa había echado a la calle a unos cuantos de sus compañeros y reducido el sueldo de los que aún siguen allí. Mi amigo se halla estupefacto e irritado, y se siente alterado, molesto, inquieto y nervioso. Presenta un curioso tic que le hace alzar el dedo corazón de una mano y es probable que también sufra algún tipo de prurito en la zona genital que le lleva a agarrarse simultáneamente los testículos con la otra mano. He intentado hacerle entrar en razón. No debe haberse informado bien. Quizá no se ha enterado de que vivimos una crisis global, que afecta a todos y cada uno de nosotros. Individuos físicos y jurídicos. No sólo a los currantes, sino también a las empresas y corporaciones que, sin duda, han renunciado a sus beneficios habituales. Es más, no sólo han renunciado a dichos beneficios, sino que la mayoría de sus directivos han dejado de cobrar bonificaciones, comisiones, incentivos, pluses, bonus o como le llamen (propongo un nombre inventado: Fairlengehender-Payments). Han agotado todos los planes necesarios de reducción de gastos, eliminado todo lo superfluo, constreñido el margen de beneficio hasta el mínimo. Han aplicado en el engranaje preciso de la estructura empresarial los fondos de ayuda gubernamental, en caso de recibirlos. En definitiva, han hecho lo indecible hasta que la inaguantable situación coyuntural les ha llevado a un callejón sin salida. Y la obligación les ha arrastrado amargamente a la decisión final de tener que llevar a cabo esos despidos que me comentabas. Infórmate correctamente, querido amigo. Porque NO puede ser de otra manera.

La crisis…ese mensaje subliminar

Enero 12, 2009

crisis_economica_1Durante lo que va del año una palabra se repite sin cesar: la crisis. La oímos en los medios, en la calle (parezco el chiquilicuatre) …y la sufrimos. Día tras día. Vemos los datos del paro, el efecto en el sector de la construcción, la automoción. Y la pagamos. Cada vez que vamos al mercado y nos llegan los recibos.

Siempre que oigo esta palabra recuerdo con media sonrisa La maldición del escorpión de Jade de Woody Allen, cuando el hipnotizador dice la palabra mágica “Constantinopla” y él entra en un sueño profundo.

O en los anuncios que pasaban de Coca-Cola en los cines de forma subliminar.

¿Qué por qué? Porque de tanto oír esta palabra, el mensaje ha calado. Nadie se pone a contrastar qué hay de cierto o no en esta crisis. Y la aceptamos sin más. Hasta el punto que si luego nos anuncian que no nos suben el sueldo, pues ya se veía a venir, es normal, no vayamos a decir nada, que aún suerte que tenemos trabajo.

Esto es lo que ocurrió en mi trabajo el viernes sin ir más lejos. Y miro con impotencia la resignación de la gente. Nadie se pregunta si está justificado o no. Simplemente lo acepta. ¿Qué hacer cuando nadie ya cree en nada?

Y justificado no lo está. Congelar el salario a los empleados debería ser la última opción. Porque un empleado desmotivado simplemente no rinde.

Mi empresa no tiene pérdidas, simplemente “ante la crisis” quiere ajustar más los presupuestos. Por lo que todos tenemos que hacer un “pequeño” sacrificio.

El término “pequeño” es muy subjetivo porque la mayoría de la plantilla tiene unos salarios que oscilan entre los 16 y 18000 euros brutos al año con varias titulaciones y un conocimiento de 3/5 idiomas. Y más que vivir, malvive. Porque Barcelona, no es precisamente barata y los alquileres están a 1000 euros el mes.

Subir el IPC, que por arte de magia ha quedado en menos de un 2%, habría supuesto en nuestra oficina un gasto mínimo. Dejando de lado que el sistema de objetivos ha resultado una farsa. Pues después de alcanzarlos o incluso superarlos no cumplen la parte pactada.

Por desgracia, esta resignación, esta aceptación no es algo particular de mi empresa, es un fenómeno social. Y equivale indudablemente a dejarse hacer.

Digo yo que al menos estaría bien pedir explicaciones. Porque sino además te responden que nos les consta ninguna queja. Y razón no les falta, no sirve de nada quejarse si luego no lo verbalizas. No estaría de más un poco de coherencia por nuestra parte.

“Mileuristas” para siempre

Diciembre 12, 2008

Interesante artículo publicado en el País de hoy 12 de diciembre. Da que pensar. O más bien, da que llorar.

Una Navidad más

Noviembre 13, 2008

Cada año en mi empresa tenemos un regalo muy especial de Navidad, junto con el lote y la cena de empresa, que este año por recortes pasó a comida. Se trata de un mail a nivel global diciendo lo muy bien que lo hacemos y anunciando despidos, o mejor dicho “redundancies” que no es más que un eufemismo en inglés para decir lo mismo.

¿Os imagináis lo que es recibir un mail donde dice que los “afortunados” lo sabrán el mismo día? Imposible concentrarse. Hay que ver por eso la imaginación que le echan. Por el mensaje hasta parece que te ayudan a conseguir el próximo eslabón en tu carrera.

Este año no ha sido la excepción, y con la excusa de la crisis, ni tan siquiera nos dijeron lo bien que lo hicimos. Era algo que se olía después de que fueran cada vez recortando más los presupuestos para todo.

El regalo de verdad ha sido pero finalmente que nuestra oficina se ha salvado de la crilla. Tras horas de incertidumbre, miedo, nervios y messengers que sacaban humo, llegó otro mail que nos tranquilizaba y nos confirmaba que no estábamos afectados.

Una buena noticia pues y un buen regalo. Pues tal como están las cosas no hay más que para celebrarlo.  

Está claro que nada es eterno y nadie es imprescindible. Y quien crea lo contrario vive en el reino de la fantasía. De ahí la necesidad de estar juntos y de al menos poder afrontar estas noticias con más garantías.

Sin duda tenemos que dar las gracias por cada día que pasa.  

Una Navidad más. ¿Habrá otra?

Esa dulce tentación llamada…teletrabajo

Octubre 12, 2008

Reflexiones desde la experiencia 

 

El teletrabajo, o trabajo desde casa, cada vez se perfila como una opción más de flexibilidad laboral. El número de empresas y empleados/as en España que optan por esta forma de trabajo es aún inferior al resto de Europa o Estados Unidos pero su implantación está en auge.  

 

Los trabajadores/as lo ven como una posibilidad de conciliar vida laboral y familiar, de ahorrarse tiempo en los desplazamientos, de organizarse por si mismos el tiempo de trabajo y por qué no de implicarse menos en la empresa. Las empresas ven en el teletrabajo una forma de contentar a su plantilla,  atraer a posibles talentos, pero también como una importante fuente de ahorro. 

 

Todos contentos.  

 

Sin embargo esta nueva forma de trabajo merece la pena analizarse mejor.

 

Con un 70% de la plantilla trabajando desde casa, mi empresa es sin duda una pionera en este campo en España y ha demostrado que el teletrabajo no sólo es posible, sino que funciona. Pero también ha evidenciado una serie de realidades a tener en cuenta. 

 

Actualmente no existe ninguna ley que regule el trabajo desde casa a excepción del Marco Europeo de Teletrabajo. Este documento no es más que un compendio de buenas intenciones no vinculantes. Cada país es el que debe regular esta forma de trabajo. Y en España no se ha regulado aún. La falta de regulación permite situaciones abusivas y deja sin cobertura a miles de trabajadores/as. Y los sindicatos ni tan siquiera lo tienen en su lista de prioridades.

Trabajar en casa implica valorar varios factores como son la organización y gestión del trabajo, el aislamiento, los costes económicos (ADSL, agua, luz, gas, teléfono, comida), la salud laboral (problemas de espacio, ergonomía, riesgos laborales, accidentes), la conciliación familiar y las dificultades para  organizarse colectivamente. 

 

¿Qué se puede hacer para evitar estas situaciones?

 

Una empresa seria buscará cubrir estas desventajas propiciando herramientas adecuadas y acuerdos justos. Poco podremos hacer en los centros de trabajo sin tan buenas intenciones y sin organización colectiva. 

 

Me gustaría enumerar algunos consejos a la hora de decidirse sobre si optar o no a esta forma de trabajo. 

 

·         El teletrabajo es una opción que debe ser voluntaria, nunca impuesta, y debe contemplar la posibilidad de volver al centro de trabajo en caso de que uno/a no se adapte.

 

·         Deben tenerse en cuenta mecanismos que permitan mantenerse en contacto con el resto de la plantilla (reuniones, Messenger, etc.). Un seguimiento de los posibles problemas de aislamiento es aconsejable.

 

·         Las condiciones de trabajo deben ser las mismas que en el centro de trabajo a nivel de mobiliario y de herramientas de trabajo. Esto puede ser un problema vista la precariedad de la vivienda  con espacios reducidos, y con frecuencia compartidos, luz inadecuada, frío, calor, etc. Estamos hablando de trabajar 8 horas frente al ordenador que no es lo mismo que conectarse puntualmente.

 

·         Trabajar en casa significa una nueva forma de organizar el trabajo. Se tiene que ser muy constante tanto para no distraerse como para no alargar indefinidamente la jornada laboral. También para el resto de la empresa implica una forma de trabajar distinta  y tiene que disfrutar de unos medios técnicos que lo permitan.

 

·         Se tiene que acordar con la empresa qué costes debe asumir esta y cuáles el trabajador/a. No se trata de perder dinero trabajando. En mi empresa se cubre el ADSL y hasta el 50% de los recibos de agua, luz y gas dependiendo de si estás al 100% en casa o si vas a la oficina un par de veces a la semana. También se han cambiado los tickets restaurante por su equivalente en dinero y se cubren hasta un tope los gastos de mobiliario. 

 

·         Cuando se está en casa se tiene el “placer” de establecer vínculos con el vecindario. Esto significa que de golpe descubres que hay un melómano al que le encanta poner la música a tope. O un virtuoso de la trompeta. Inevitable, pero real.

 

·         La empresa es la responsable de la salud laboral de sus empleados, por lo tanto se tiene que tener claro qué ocurre si tropiezas estando en casa mientras trabajas. O si hay un incendio. La empresa no puede entrar en tu domicilio sin tu autorización, pero por otro lado estaría bien que se asegurara de que todo es correcto. Ya he conocido gente trabajando en sillas de plástico porque aunque su casa no estaba preparada para ello, querían por todos los medios trabajar desde allí.

 

·         En el momento en que ofreces tu espacio privado para tu trabajo, las fronteras entre tiempo familiar y laboral se estrechan. Poder poner lavadoras y pasar la aspiradora mientras trabajas no es necesariamente una ventaja, sino un posible retroceso en conciliación familiar. Además de una fuente de stress y de baja producción. Tampoco lo es cambiar pañales, dar biberones, atender las necesidades de las criaturas que no entienden que estás trabajando, ni que tu vida se reduzca a llevar la prole al colegio para sentarse luego al ordenador. Tenemos que tener en cuenta todo esto antes de decidirnos por esta opción. Si no es posible evitarlo se tienen que crear espacios personales para no acabar con tu equilibrio y, más importante, que la conciliación no se convierta en separación. Hay que preguntarse qué tipo de conciliación queremos. Las mujeres son las que más se acogen a esta forma de trabajo y por lo tanto las que una vez más asumen las cargas familiares. Soy de las pocas madres que aún trabaja desde la oficina en mi empresa. ¿Casualidad? 

 

·         Al perder el contacto con el resto de compañeros/as es más difícil  organizarse como trabajadores/as. Todo se individualiza, los mails y espacios comunes en la red sustituyen a tablones de anuncios y da un palo enorme quitarte el pijama para asistir a una Asamblea.

 

 

Vista la lista se podría pensar que el teletrabajo produce más desventajas que ventajas, lo cual tampoco es cierto.

 

A mis compañeros/as, muchos extranjeros, trabajar en casa les ha permitido una movilidad enorme y la posibilidad de ir a su país de origen sin cogerse vacaciones. También les ha permitido elegir libremente dónde trabajar y aislarse si así lo desean del resto del mundo. Personas que vivían lejos de la oficina han ganado sin duda en tiempo personal y otras que no tienen la suerte de tener familia que les ayude con los peques han conseguido un equilibrio entre familia y trabajo. Estar en pijama es también visto como un incentivo (aunque a mí me parece deprimente). Y las condiciones económicas son bastante favorables. Con lo que esta forma de trabajo es como un bomboncito tentador. Más cuando al final estar en casa implica menos control por parte de la empresa y por el feedback que recibo permite estar más relajado.

 

A favor de mis compañeros masculinos decir que muchos han optado por esta posibilidad para conciliar y que están contentos.

 

Tengo que reconocer que en temporadas de mucho agobio me ha tentado la idea. Aunque después de hacer balance entre los pros y contras al final lo he descartado.

 

También la empresa ha salido ganando con ello. Obviamente nunca lo habría hecho de lo contrario. Ha reducido costes y ha recibido una buena reacción por parte de la plantilla. Especialmente en Estados Unidos y Londres donde el transporte es muy caro. Eso sí mucha gente se queja de aislamiento respecto al resto de compañeros/as.

 

¿Es pues positivo o negativo el teletrabajo? Como siempre no hay blanco sin negro.

 

Creo que puede ser una opción válida, siempre que se plantee de la forma adecuada. Es una decisión personal que depende de varios factores como el carácter de cada uno, el trabajo que realices, tu situación personal, la empresa.

 

Si más no merece un debate que es justo esto lo que pretendía con este post: despertar mentes. No con el ánimo de disuadir, sino de decidir desde una visión más amplia. 

Ser madre o padre en España

Septiembre 6, 2008

 

La semana pasada se hicieron públicas las cifras de natalidad de 2007 en la Unión Europea. Con dos bebés por mujer, Francia se pone en cabeza sólo superada por Irlanda. En el otro extremo, España continúa siendo el país con el índice de natalidad más bajo del mundo, con Euskadi en la cola.

Algunos analistas franceses consideran que la política familiar y el sistema de guarderías, aunque susceptible de mejora, explican estas cifras. Otros se muestran escépticos con las medidas que han incentivado, por una módica paga, a dejar el trabajo a unas 600.000 mujeres durante 3 años a partir del segundo hijo/a. No en vano el peso familiar recae en las mujeres y les dificulta volver a incorporarse posteriormente al mercado laboral.

Personalmente creo que hay que analizar el fenómeno desde un punto de vista más sociológico. La política de conciliación familiar de un país viene básicamente determinada por una cierta forma de pensar y de ver la realidad social.

Bien es cierto que la política de natalidad de un país influye a la hora de decidir tener criaturas, pero las diferencias en política familiar de Francia y de España no explican por sí solas los porcentajes.

En España por ejemplo se garantiza la reincorporación laboral en la misma empresa tras la excedencia familiar. En Francia no. La baja de maternidad es de 16 semanas en ambos países. La de paternidad en Francia son 11 días, en España 13. Las ayudas económicas en España son de 2500 euros por nacimiento, 100 euros hasta los 3 años para madres trabajadoras, más las ayudas autonómicas. En Francia 120 euros por mes a partir de la segunda criatura hasta, eso sí, la mayoría de edad. Donde sí que hay una diferencia importante es en el número de plazas públicas del sistema educativo ya que en Francia lo normal es la educación pública. Y también en los impuestos. Una familia con 2 menores puede estar exenta de pagar impuestos.

En España siempre acusamos de la baja natalidad a la política gubernamental y a las empresas, pero detrás de un Gobierno y dentro de las empresas hay una representación de la sociedad que tiene la fuerza de decidir cómo quiere que sea esta realidad. Y la visión que hay en España de la vida familiar dista mucho de otros países europeos, es retrógrada y nos avoca a un futuro económico y demográfico difícil si no cambia.

En España se sigue viendo a la mujer como una carga a nivel laboral. Y cuando digo España me refiero a todos y a todas nosotros, no sólo a nivel de empresa. En otros países una mujer trabajadora y madre goza de una imagen positiva por la capacidad de gestión que demuestra. Es una mujer con éxito. No tener descendecia es casi como raro (aunque la decisión de tener criaturas o no, a mi parecer, siempre tiene que ser totalmente voluntaria e individual).

Se sigue pensando que es mejor contratar a un hombre que a una mujer por la baja de maternidad, las horas de lactancia y también porque “se cogerá días” cuando su prole se ponga enferma. Sin embargo, los costes empresariales son mínimos. La seguridad social, es decir el Estado, se hace cargo del 100% de la baja de maternidad y de los gastos por seguridad social de la persona que sustituye a la que está de baja. El único inconveniente es enseñar a alguien nuevo por 16 semanas. Pero esto ocurre aquí y en todo el mundo. Al margen de que pueden haber bajas más largas y menos previstas tanto por parte de hombres como de mujeres.

También se ve mal que uno, sea hombre o mujer, decida tomarse un tiempo para conciliar su vida familiar. Se ve poco profesional. Y de hecho una decisión así muchas veces conlleva el despido o un freno en la carrera. Aunque no se es menos competente y productivo por ser padre o madre. Al contrario, las cargas familiares obligan a un mayor compromiso laboral.

Lo que deberíamos plantearnos es si merece la pena seguir en una empresa con esta visión y que olvida tu competencia y tu experiencia en el puesto por cogerte un derecho básico y elemental. Pero el problema es que mucha gente, sin ser empresarios, comparte esta visión. Básicamente porque siguen pensando que la responsabilidad familiar es de la mujer. Y de hecho somos las mismas mujeres las primeras en seguir este modelo, las primeras en tildar de marujas las que deciden poner un alto en su vida, de “tiburones” las que anteponen su éxito profesional y de sentirnos culpables si no nos ocupamos de la familia.

De esta manera es cierto que por razones que no llego a entender aún es la mujer mayoritariamente quien se exenta del trabajo para llevar a los niños al médico, como si estos no tuvieran padres o como si el trabajo de ella fuera de menor importancia que el de él. Sin hablar el cuidado de personas mayores: según datos del Ministerio de Trabajo, por cada hombre que abandona un puesto de trabajo por razones familiares lo hacen 30 mujeres (enero-junio 2008).

Damos más importancia a tener una buena proyección profesional a tener una familia.

En parte es normal, porque en España la incorporación de la mujer al trabajo ha sido posterior que en el resto de Europa debido al modelo familiar que imponía la época y ahora preferimos disfrutar del ocio y de las  ventajas de no tener niños y niñas.   Pero no es normal que se consideren aceptables estas justificaciones y que nos felicitamos cuando simplemente se cumplen  los derechos básicos. Ni que las empresas sigan sin flexibilizar horarios con jornadas partidas, con frecuencia no justificadas.

Creo que aún no hemos entendido que tener hijos e hijas es una responsabilidad social.

La demografía y el crecimiento económico están intrínsecamente relacionados. El descenso de población a largo término debilita una economía. El envejecimiento de un país frena el consumo, las inversiones, la productividad y aumenta los gastos de sanidad y de pensiones.

Tenemos que dejar de ver la maternidad y la paternidad como una enfermedad. Tenemos que dejar de poner freno a nuestros deseos por qué pensará la empresa. Tenemos que hacer respetar nuestros derechos y exigir mejoras. Y sobre todo tenemos que empezar a compartir de verdad nuestras responsabilidades en el cuidado de la infancia y de las personas mayores para que deje de verse a la mujer como una carga a nivel empresarial.  

El futuro qué queremos y la sociedad qué queremos depende de un cambio profundo de nuestra forma de pensar.

Si nuestra forma de pensar cambia, también lo hará la  del Gobierno y de las empresas. Puesto que estos no son más que una representación a pequeña escala de la sociedad.

Datos oficiales:

maternidad_juni-08

Medios de comunicación:

Midi Libre 31 de Agosto de 2008; Les Echos  1 de Septiembre de 2008; Ek Correo 28 de Agosto de 2008; El Mundo 28 de Agosto de 2008; El País 27 de Agosto.

politiquefamiliale_1

Piedra de camino

Agosto 3, 2008

 

A menudo me preguntan (y me pregunto) por qué soy delegada de personal. Y es que una decisión como esta equivale en la opinión de muchas personas un freno a tus aspiraciones laborales. Y seguramente muchas veces es así.

 

¿Significa esto que no ambicione a un puesto mejor? No. Tengo muy claro que el poder significa poder, poder cambiar las cosas. Por lo tanto no renuncio a una mejor posición en la empresa que me permita esta capacidad de cambio.

 

Parece pues contradictorio que haya decidido tomar esta vía. Pero la realidad es que el rol que he decidido emprender, me permite, y mucho, emitir opiniones y proponer ideas que de otra manera no me sería posible. Por lo tanto tengo la posibilidad, el poder de poder establecer cambios. Un poder que la empresa no me ha sabido dar.

 

Y cuando uno tiene este gusanillo, esta necesidad de iniciativa y se siente bloqueado, sin posibilidades de crecimiento, pues se busca su propia vía.

 

Y la realidad es que estos dos años de experiencia me han aportado un gran desarrollo personal, que difícilmente hubiera podido establecer simplemente como empleada. Y me han dado la posibilidad de sentirme útil, me han enseñado a escuchar, a entender distintos modos de pensar, me han hecho crecer, aprender y ser mejor.

 

Ser representante exige una voluntad de servicio, una buena gestión del tiempo, grandes competencias comunicativas, iniciativa y una gran implicación en la empresa.

 

Y estos valores tan positivos para cualquier profesional, parecen esfumarse cuando se trata de una delegada de personal.

 

No nos engañemos, en España todavía existe la mentalidad del viejo empresario que ve a los representantes de los trabajadores, y perdonadme la expresión, como un grano en el culo.

 

Pero este punto de vista, desde mi humilde opinión, viene de personas con un campo de visión poco amplio y a menudo con poca formación a nivel empresarial a quienes los prejuicios personales impiden sacar partido de estos valores y levantan una barrera  comunicativa donde debería abrirse un espacio de enriquecimiento mutuo.

 

Es obvio que el objetivo de una empresa es hacer beneficios. Pero los objetivos de la empresa pueden coincidir con los de la plantilla. Es una simbiosis donde cada uno se beneficia mutuamente del otro. 

 

Vivimos una época donde se habla de profesionales y esto nos hace pensar falsamente que ya no necesitamos a nadie que nos represente. La realidad es que si cada uno tira por su lado, la base no funciona y si no funciona la base difícilmente se alcanzan los objetivos. Y ahora sí, hablo de los objetivos de la empresa. Porque la base es la suma de los individuos que a su vez forman equipos.

 

Poder hablar abiertamente de expectativas, no debería pues verse como un obstáculo sino como una oportunidad de mejora. Pero para ello hay que estar abierto a aceptar y oír opiniones que pueden diferir, e incluso disgustar. Y aunque poco a poco haya cada vez más voces que apuestan por este camino, el camino no acaba más que empezar. 

 

Ser parte de este camino, me hace sentir bien. Quizá no soy más que piedra de camino por donde otros marcarán sus pasos. Pero el aprendizaje que me aporta este camino, bien merece la pena.