Reflexiones desde la experiencia
El teletrabajo, o trabajo desde casa, cada vez se perfila como una opción más de flexibilidad laboral. El número de empresas y empleados/as en España que optan por esta forma de trabajo es aún inferior al resto de Europa o Estados Unidos pero su implantación está en auge.
Los trabajadores/as lo ven como una posibilidad de conciliar vida laboral y familiar, de ahorrarse tiempo en los desplazamientos, de organizarse por si mismos el tiempo de trabajo y por qué no de implicarse menos en la empresa. Las empresas ven en el teletrabajo una forma de contentar a su plantilla, atraer a posibles talentos, pero también como una importante fuente de ahorro.
Todos contentos.
Sin embargo esta nueva forma de trabajo merece la pena analizarse mejor.
Con un 70% de la plantilla trabajando desde casa, mi empresa es sin duda una pionera en este campo en España y ha demostrado que el teletrabajo no sólo es posible, sino que funciona. Pero también ha evidenciado una serie de realidades a tener en cuenta.
Actualmente no existe ninguna ley que regule el trabajo desde casa a excepción del Marco Europeo de Teletrabajo. Este documento no es más que un compendio de buenas intenciones no vinculantes. Cada país es el que debe regular esta forma de trabajo. Y en España no se ha regulado aún. La falta de regulación permite situaciones abusivas y deja sin cobertura a miles de trabajadores/as. Y los sindicatos ni tan siquiera lo tienen en su lista de prioridades.
Trabajar en casa implica valorar varios factores como son la organización y gestión del trabajo, el aislamiento, los costes económicos (ADSL, agua, luz, gas, teléfono, comida), la salud laboral (problemas de espacio, ergonomía, riesgos laborales, accidentes), la conciliación familiar y las dificultades para organizarse colectivamente.
¿Qué se puede hacer para evitar estas situaciones?
Una empresa seria buscará cubrir estas desventajas propiciando herramientas adecuadas y acuerdos justos. Poco podremos hacer en los centros de trabajo sin tan buenas intenciones y sin organización colectiva.
Me gustaría enumerar algunos consejos a la hora de decidirse sobre si optar o no a esta forma de trabajo.
· El teletrabajo es una opción que debe ser voluntaria, nunca impuesta, y debe contemplar la posibilidad de volver al centro de trabajo en caso de que uno/a no se adapte.
· Deben tenerse en cuenta mecanismos que permitan mantenerse en contacto con el resto de la plantilla (reuniones, Messenger, etc.). Un seguimiento de los posibles problemas de aislamiento es aconsejable.
· Las condiciones de trabajo deben ser las mismas que en el centro de trabajo a nivel de mobiliario y de herramientas de trabajo. Esto puede ser un problema vista la precariedad de la vivienda con espacios reducidos, y con frecuencia compartidos, luz inadecuada, frío, calor, etc. Estamos hablando de trabajar 8 horas frente al ordenador que no es lo mismo que conectarse puntualmente.
· Trabajar en casa significa una nueva forma de organizar el trabajo. Se tiene que ser muy constante tanto para no distraerse como para no alargar indefinidamente la jornada laboral. También para el resto de la empresa implica una forma de trabajar distinta y tiene que disfrutar de unos medios técnicos que lo permitan.
· Se tiene que acordar con la empresa qué costes debe asumir esta y cuáles el trabajador/a. No se trata de perder dinero trabajando. En mi empresa se cubre el ADSL y hasta el 50% de los recibos de agua, luz y gas dependiendo de si estás al 100% en casa o si vas a la oficina un par de veces a la semana. También se han cambiado los tickets restaurante por su equivalente en dinero y se cubren hasta un tope los gastos de mobiliario.
· Cuando se está en casa se tiene el “placer” de establecer vínculos con el vecindario. Esto significa que de golpe descubres que hay un melómano al que le encanta poner la música a tope. O un virtuoso de la trompeta. Inevitable, pero real.
· La empresa es la responsable de la salud laboral de sus empleados, por lo tanto se tiene que tener claro qué ocurre si tropiezas estando en casa mientras trabajas. O si hay un incendio. La empresa no puede entrar en tu domicilio sin tu autorización, pero por otro lado estaría bien que se asegurara de que todo es correcto. Ya he conocido gente trabajando en sillas de plástico porque aunque su casa no estaba preparada para ello, querían por todos los medios trabajar desde allí.
· En el momento en que ofreces tu espacio privado para tu trabajo, las fronteras entre tiempo familiar y laboral se estrechan. Poder poner lavadoras y pasar la aspiradora mientras trabajas no es necesariamente una ventaja, sino un posible retroceso en conciliación familiar. Además de una fuente de stress y de baja producción. Tampoco lo es cambiar pañales, dar biberones, atender las necesidades de las criaturas que no entienden que estás trabajando, ni que tu vida se reduzca a llevar la prole al colegio para sentarse luego al ordenador. Tenemos que tener en cuenta todo esto antes de decidirnos por esta opción. Si no es posible evitarlo se tienen que crear espacios personales para no acabar con tu equilibrio y, más importante, que la conciliación no se convierta en separación. Hay que preguntarse qué tipo de conciliación queremos. Las mujeres son las que más se acogen a esta forma de trabajo y por lo tanto las que una vez más asumen las cargas familiares. Soy de las pocas madres que aún trabaja desde la oficina en mi empresa. ¿Casualidad?
· Al perder el contacto con el resto de compañeros/as es más difícil organizarse como trabajadores/as. Todo se individualiza, los mails y espacios comunes en la red sustituyen a tablones de anuncios y da un palo enorme quitarte el pijama para asistir a una Asamblea.
Vista la lista se podría pensar que el teletrabajo produce más desventajas que ventajas, lo cual tampoco es cierto.
A mis compañeros/as, muchos extranjeros, trabajar en casa les ha permitido una movilidad enorme y la posibilidad de ir a su país de origen sin cogerse vacaciones. También les ha permitido elegir libremente dónde trabajar y aislarse si así lo desean del resto del mundo. Personas que vivían lejos de la oficina han ganado sin duda en tiempo personal y otras que no tienen la suerte de tener familia que les ayude con los peques han conseguido un equilibrio entre familia y trabajo. Estar en pijama es también visto como un incentivo (aunque a mí me parece deprimente). Y las condiciones económicas son bastante favorables. Con lo que esta forma de trabajo es como un bomboncito tentador. Más cuando al final estar en casa implica menos control por parte de la empresa y por el feedback que recibo permite estar más relajado.
A favor de mis compañeros masculinos decir que muchos han optado por esta posibilidad para conciliar y que están contentos.
Tengo que reconocer que en temporadas de mucho agobio me ha tentado la idea. Aunque después de hacer balance entre los pros y contras al final lo he descartado.
También la empresa ha salido ganando con ello. Obviamente nunca lo habría hecho de lo contrario. Ha reducido costes y ha recibido una buena reacción por parte de la plantilla. Especialmente en Estados Unidos y Londres donde el transporte es muy caro. Eso sí mucha gente se queja de aislamiento respecto al resto de compañeros/as.
¿Es pues positivo o negativo el teletrabajo? Como siempre no hay blanco sin negro.
Creo que puede ser una opción válida, siempre que se plantee de la forma adecuada. Es una decisión personal que depende de varios factores como el carácter de cada uno, el trabajo que realices, tu situación personal, la empresa.
Si más no merece un debate que es justo esto lo que pretendía con este post: despertar mentes. No con el ánimo de disuadir, sino de decidir desde una visión más amplia.