Ser madre o padre en España

 

La semana pasada se hicieron públicas las cifras de natalidad de 2007 en la Unión Europea. Con dos bebés por mujer, Francia se pone en cabeza sólo superada por Irlanda. En el otro extremo, España continúa siendo el país con el índice de natalidad más bajo del mundo, con Euskadi en la cola.

Algunos analistas franceses consideran que la política familiar y el sistema de guarderías, aunque susceptible de mejora, explican estas cifras. Otros se muestran escépticos con las medidas que han incentivado, por una módica paga, a dejar el trabajo a unas 600.000 mujeres durante 3 años a partir del segundo hijo/a. No en vano el peso familiar recae en las mujeres y les dificulta volver a incorporarse posteriormente al mercado laboral.

Personalmente creo que hay que analizar el fenómeno desde un punto de vista más sociológico. La política de conciliación familiar de un país viene básicamente determinada por una cierta forma de pensar y de ver la realidad social.

Bien es cierto que la política de natalidad de un país influye a la hora de decidir tener criaturas, pero las diferencias en política familiar de Francia y de España no explican por sí solas los porcentajes.

En España por ejemplo se garantiza la reincorporación laboral en la misma empresa tras la excedencia familiar. En Francia no. La baja de maternidad es de 16 semanas en ambos países. La de paternidad en Francia son 11 días, en España 13. Las ayudas económicas en España son de 2500 euros por nacimiento, 100 euros hasta los 3 años para madres trabajadoras, más las ayudas autonómicas. En Francia 120 euros por mes a partir de la segunda criatura hasta, eso sí, la mayoría de edad. Donde sí que hay una diferencia importante es en el número de plazas públicas del sistema educativo ya que en Francia lo normal es la educación pública. Y también en los impuestos. Una familia con 2 menores puede estar exenta de pagar impuestos.

En España siempre acusamos de la baja natalidad a la política gubernamental y a las empresas, pero detrás de un Gobierno y dentro de las empresas hay una representación de la sociedad que tiene la fuerza de decidir cómo quiere que sea esta realidad. Y la visión que hay en España de la vida familiar dista mucho de otros países europeos, es retrógrada y nos avoca a un futuro económico y demográfico difícil si no cambia.

En España se sigue viendo a la mujer como una carga a nivel laboral. Y cuando digo España me refiero a todos y a todas nosotros, no sólo a nivel de empresa. En otros países una mujer trabajadora y madre goza de una imagen positiva por la capacidad de gestión que demuestra. Es una mujer con éxito. No tener descendecia es casi como raro (aunque la decisión de tener criaturas o no, a mi parecer, siempre tiene que ser totalmente voluntaria e individual).

Se sigue pensando que es mejor contratar a un hombre que a una mujer por la baja de maternidad, las horas de lactancia y también porque “se cogerá días” cuando su prole se ponga enferma. Sin embargo, los costes empresariales son mínimos. La seguridad social, es decir el Estado, se hace cargo del 100% de la baja de maternidad y de los gastos por seguridad social de la persona que sustituye a la que está de baja. El único inconveniente es enseñar a alguien nuevo por 16 semanas. Pero esto ocurre aquí y en todo el mundo. Al margen de que pueden haber bajas más largas y menos previstas tanto por parte de hombres como de mujeres.

También se ve mal que uno, sea hombre o mujer, decida tomarse un tiempo para conciliar su vida familiar. Se ve poco profesional. Y de hecho una decisión así muchas veces conlleva el despido o un freno en la carrera. Aunque no se es menos competente y productivo por ser padre o madre. Al contrario, las cargas familiares obligan a un mayor compromiso laboral.

Lo que deberíamos plantearnos es si merece la pena seguir en una empresa con esta visión y que olvida tu competencia y tu experiencia en el puesto por cogerte un derecho básico y elemental. Pero el problema es que mucha gente, sin ser empresarios, comparte esta visión. Básicamente porque siguen pensando que la responsabilidad familiar es de la mujer. Y de hecho somos las mismas mujeres las primeras en seguir este modelo, las primeras en tildar de marujas las que deciden poner un alto en su vida, de “tiburones” las que anteponen su éxito profesional y de sentirnos culpables si no nos ocupamos de la familia.

De esta manera es cierto que por razones que no llego a entender aún es la mujer mayoritariamente quien se exenta del trabajo para llevar a los niños al médico, como si estos no tuvieran padres o como si el trabajo de ella fuera de menor importancia que el de él. Sin hablar el cuidado de personas mayores: según datos del Ministerio de Trabajo, por cada hombre que abandona un puesto de trabajo por razones familiares lo hacen 30 mujeres (enero-junio 2008).

Damos más importancia a tener una buena proyección profesional a tener una familia.

En parte es normal, porque en España la incorporación de la mujer al trabajo ha sido posterior que en el resto de Europa debido al modelo familiar que imponía la época y ahora preferimos disfrutar del ocio y de las  ventajas de no tener niños y niñas.   Pero no es normal que se consideren aceptables estas justificaciones y que nos felicitamos cuando simplemente se cumplen  los derechos básicos. Ni que las empresas sigan sin flexibilizar horarios con jornadas partidas, con frecuencia no justificadas.

Creo que aún no hemos entendido que tener hijos e hijas es una responsabilidad social.

La demografía y el crecimiento económico están intrínsecamente relacionados. El descenso de población a largo término debilita una economía. El envejecimiento de un país frena el consumo, las inversiones, la productividad y aumenta los gastos de sanidad y de pensiones.

Tenemos que dejar de ver la maternidad y la paternidad como una enfermedad. Tenemos que dejar de poner freno a nuestros deseos por qué pensará la empresa. Tenemos que hacer respetar nuestros derechos y exigir mejoras. Y sobre todo tenemos que empezar a compartir de verdad nuestras responsabilidades en el cuidado de la infancia y de las personas mayores para que deje de verse a la mujer como una carga a nivel empresarial.  

El futuro qué queremos y la sociedad qué queremos depende de un cambio profundo de nuestra forma de pensar.

Si nuestra forma de pensar cambia, también lo hará la  del Gobierno y de las empresas. Puesto que estos no son más que una representación a pequeña escala de la sociedad.

Datos oficiales:

maternidad_juni-08

Medios de comunicación:

Midi Libre 31 de Agosto de 2008; Les Echos  1 de Septiembre de 2008; Ek Correo 28 de Agosto de 2008; El Mundo 28 de Agosto de 2008; El País 27 de Agosto.

politiquefamiliale_1

Anuncios

Etiquetas: , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: