Y el dragón regresó

En los cuentos siempre hay un caballero y un dragón muy malo que suele morir a manos del valeroso héroe que no duda en defender a su princesa.

Hoy en día no sería políticamente correcto condenar a un animal a muerte. No al menos con una espada. Demasiado cruel y sanguinario.

Se buscaría sin duda técnicas más rápidas y limpias como el gas o una inyección. 

Y en el caso de los cuentos seguramente se optaría por condenar al Dragón malvado a un exilio forzado o incluso el Dragón ya no sería tan malvado y sus debilidades serían fácilmente reconocibles en cada uno de nosotros.

El dragón del TDAH era uno de esos últimos. No era tan malvado, ni tan cruel. No se comía a la gente asada con patatas ni devoraba vírgenes sacrificadas. Quizá era un poco ruin y sobre todo egoísta. Le encantaba llamar la atención y poner problemas donde no los había. Haciendo las cosas más difíciles y complicadas. Como si disfrutara haciendo rabiar a los demás, especialmente a los niños y a sus papás. Y seguramente lo disfrutaba. Cuando pensabas que te lo habías sacado de encima, volvía a presentarse sin ser invitado. Era uno de esos pesados que no logras quitarte de encima ni con una espátula.

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Pero el dragón del TDAH también tenía su parte buena, como casi todo el mundo. Y gracias a él los pobres seres a los que se empeñaba en molestar desarrollaban una imaginación sin limites, eran cariñosos, buenos y dulces. Por lo que el dragón del TDAH fue uno de esos dragones a los que invitaron gentilmente a exiliarse y a quienes le perdonaron la vida. Además le permitieron un régimen de visitas abierto y permisos penitenciarios para salir de vez en cuando.

Y el dragón regresó… Regresó con unas ganas infinitas de molestar e incordiar. También hay que entenderle, imagínate que llevas semanas sin poder salir de casa. ¿No te morirías por quemar la ciudad? Pues eso… que volvió con 20 hojas de tareas para terminar. Y se las impuso a ese niño que con su esfuerzo logró encerrarlo. Un pequeño y valiente caballero llamado Azul que sólo disponía de apenas 2 días para resolver el embrollo en el que le había metido el dragón. 

A las 24 horas el pequeño Azul había conseguido terminar 15 de las 20 tareas. Para alcanzar su objetivo, y con la ayuda de su bien amada mamá, del caballero de la Olivia y sus inestimables abuelos, estableció prioridades. Empezó por lo que más le molestaba a fin de sacárselo pronto de encima, dividió las tareas por temáticas y por urgencia. Aún le quedaban 24 horas para conseguir su objetivo. ¿Lo lograría? 

La batalla más importante pero seguiría. Bien sabía que ninguna guerra se ganaba sin batallas. Y la suya se abría sin limites más allá. Pero en esa batalla aprendería hasta a reírse de sus derrotas. Y esa sería en parte su gran victoría.

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