Posts Tagged ‘El país’

No digan recortes, llámenlo amor

marzo 6, 2012

Magnífico artículo en El País sobre el abuso de los eufemismos en el lenguaje público durante la crisis.

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Adiós a la culpabilidad de la madre trabajadora

agosto 9, 2011

Interesante artículo publicado ayer en El País sobre nuevos estudios que rompen con el arquetipo de que el acceso al mercado laboral de la mujer perjudica a sus hijos.

El estudio conducido por Anne McMunn (University College, Londres) y que concluyó que el ambiente familiar más beneficioso para los menores es aquel en el que los progenitores viven en la misma casa y tienen un trabajo remunerado, no deja pero de ser objeto de opiniones entre expertos.

¿Dejaremos algún día de preguntarnos si hacemos bien o no trabajando las madres? ¿No es acaso este tipo de estudios un reflejo de la culpabilidad a la que nos hemos visto empujadas y la necesidad de redimirnos de ella?

La formación de los más capaces

mayo 25, 2011

El pasado domingo 22 de Mayo El País publicó un artículo sobre la educación de los más capaces que explica de forma concisa, clara y sin víctimismos el por qué de la necesidad de tener en cuenta a este colectivo. Lo firman Eugenio Hernández y Mercedes Sánchez, ambos miembros del proyecto de estimulación de matemáticas ESTALMAT-Madrid.

Hacía mucho tiempo que quería leer algo así por esto lo quiero compartir con todos vosotros.

“El sistema educativo español garantiza la igualdad de oportunidades de todos los alumnos, sea cual sea el nivel socioeconómico o cultural de sus familias. Tenemos uno de los sistemas educativos más integradores y equitativos, pero también somos uno de los países con menor porcentaje de estudiantes brillantes. Según el informe PISA 2010, en España tan solo hay un 3% de alumnos brillantes frente al 8% de la media de los países de la OCDE. Según este estudio parece que en España no estamos atendiendo el talento de forma adecuada. Hay consenso sobre la necesidad de cambiar este rumbo, pero el debate estriba en cómo hacerlo.

 En los centros escolares, en la actualidad, la diversidad es muy amplia, los profesores se ven desbordados ante tanta diversidad: cultural, social y de dificultades de aprendizaje. No hay suficientes cauces para atender la diversidad adecuadamente por lo que la mayoría de las veces se ha marcado como prioritario la atención a los más desprotegidos y es posible que el sistema haya ido descuidando la atención de los más capaces. A estos alumnos también deberíamos considerarlos alumnos con diversidad educativa y tratarlos adecuadamente para lograr uno de los objetivos más interesantes de la educación: llevar a cada alumno a desarrollar al máximo sus capacidades.

Ha llegado el momento de plantearnos qué hacer con los más capaces, pues si no les dedicamos la atención necesaria para que su rendimiento sea el adecuado estamos desperdiciando el talento de nuestras futuras generaciones. Nos preguntamos: en nuestro sistema educativo, ¿se puede atender a estos estudiantes?

Se consideran alumnos de altas capacidades a aquellos que trabajan y aprenden a mayor ritmo, con mayor profundidad y con mayor amplitud que los demás, sobre todo cuando trabajan un tema de su interés. Nacen niños con talento en todas las clases sociales y en todos los lugares y es la educación, el estudio y el esfuerzo en el sentido más amplio lo que va a hacer que esas capacidades se vayan desarrollando o se vayan perdiendo.

Los modelos genéricos que existen para atender a los alumnos de altas capacidades en los países desarrollados son tres:

  • La aceleración del aprendizaje, que podríamos resumir en un salto de curso.
  • El enriquecimiento en todas sus modalidades, ya sea dentro del aula, ya sea en horario extraescolar, en algunas materias.
  • La agrupación por capacidades, casi siempre en función del rendimiento académico de cursos anteriores.

La aceleración del aprendizaje está contemplada en nuestro sistema educativo, permitiéndose adelantar un curso en cada una de las etapas de la enseñanza obligatoria.

En cuanto el enriquecimiento extraescolar, ponemos como ejemplo el proyecto ESTALMAT de detección y estímulo del talento matemático precoz. Fundado por el profesor Miguel de Guzmán y dirigido por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, cuenta con la financiación principal de la Fundación Vodafone España para su realización. Tiene como finalidad orientar y estimular de manera continuada el talento matemático excepcional de estudiantes de 12-16 años, sin desarraigarlos de su entorno, mediante una orientación adecuada.

En este proyecto se enseñan las matemáticas que nos hacen disfrutar. Son las matemáticas del razonamiento, las de la geometría y sus bellas demostraciones, las de las conjeturas, las de las propiedades de los números y las de los problemas sin resolver. Los temas que se trabajan están fuera del programa curricular y tratan de aproximarse a problemas matemáticos profundos de la manera más lúdica posible, siguiendo las palabras de Miguel de Guzmán: “El juego y la belleza están en el origen de una parte de la matemática. Si los matemáticos de todos los tiempos se lo han pasado tan bien jugando y contemplando su juego y su ciencia, ¿por qué no tratar de aprenderla y comunicarla a través del juego y de la belleza?”.

Para el tercer modelo tomamos como ejemplo el Bachillerato Internacional. En España, en muchos centros públicos y privados se imparte este bachillerato. En cada centro donde se imparte, se atiende a los alumnos que no solo tienen una mayor capacidad, sino que también tienen mayor interés por aprender y por conocer. Este bachillerato tiene un desarrollo curricular específico en el que se trabajan las distintas áreas con un sistema de evaluación interna y externa. Uno de sus hitos principales es desarrollar un trabajo de investigación original, mediante el estudio en profundidad de un tema relacionado con alguna de las asignaturas.

En nuestro país el deporte ha alcanzado niveles de excelencia internacional debido, no solo a la existencia de estrellas, sino también a la creación de numerosas escuelas deportivas en las que se practican todo tipo de deportes. Si quisiéramos potenciar la música clásica, ¿qué es mejor?, ¿construir un gran auditorio para muchas personas o construir pequeños auditorios y conservatorios por los pueblos?

Estamos convencidos de que, al igual que en la música o en el deporte, el desarrollo de actividades extraescolares por materias y la creación grupos de excelencia debe hacerse sin desarraigar a los alumnos de su entorno familiar y social. Fomentando en todos los ámbitos la agrupación de estudiantes por capacidades lograremos que de las mayorías educadas surjan las minorías excelentes.”

El Papa acepta la dimisión de un obispo irlandés acusado de encubrir abusos sexuales

marzo 24, 2010

El Papa acepta la dimisión de un obispo irlandés que ocultó abusos

Publicado en El País

Parar el reloj es bueno para renovarse y recuperar creatividad

febrero 3, 2010

Yo también quiero un año sabático

– La opción de Adrià debería -según los expertos- generalizarse

DAVID FERNÁNDEZ  03/02/2010

La decisión de Ferran Adrià de cerrar durante dos años El Bulli ha desempolvado un debate impensable en una recesión: la posibilidad de tomarse un año sabático. La cultura de parar durante un tiempo para ampliar conocimientos o reflexionar de forma pausada hacia dónde se quiere orientar la carrera profesional está mucho más extendida en países anglosajones que en el ámbito mediterráneo. En un país como España, con más de cuatro millones de parados, cualquier referencia a un año sabático puede sonar ahora como un sarcasmo; sólo unos pocos elegidos como el cocinero catalán se lo pueden permitir. Los expertos en formación y recursos humanos son conscientes de la sima que se ha abierto entre teórica y práctica en el mundo laboral. Sin embargo, señalan que tomarse un año sabático eertada, aunque no exenta de riesgos. Hay que planificar muy bien esa etapa de tránsito para sacarle el máximo provecho.

“Debería ser una práctica obligatoria. Desde el punto de vista físico el estrés al que estamos sometidos nos hace perder creatividad. Poder mirar las cosas desde fuera es el secreto del éxito“, argumenta Juan Mateo, consultor y presidente de la Factoría del Cine Empresarial, empresa especializada en la formación de directivos mediante sistemas audiovisuales. “Con su decisión, Adrià vuelve a demostrar su inteligencia. Es cierto que no todo el mundo tiene el fuelle financiero para parar durante un tiempo, pero también es verdad que no todo el mundo está dispuesto a renunciar a las candilejas del éxito y retirarse cuando se está en la cresta de la ola”, opina.

La práctica del periodo sabático está mucho más generalizada en el ámbito académico que en otros gremios profesionales. Muchos profesores universitarios, principalmente en EE UU, suelen parar en su actividad docente cada seis u ocho años y dedican un curso a investigar, viajar e intercambiar conocimientos con otros colegas. En el ámbito empresarial los casos más típicos de ceses temporales de la actividad, según los expertos, suelen ser los de aquellos empresarios que, tras vender su empresa, se toman un descanso antes de dar el salto a un nuevo negocio. También suelen optar por este camino determinados profesionales que, después de trabajar para otro mucho tiempo, prueban suerte por su cuenta. Lamentablemente, ahora abunda un tercer tipo de sabático: el forzoso.

“Creo en un parón muy activo, con una agenda muy ocupada”, indica Guido Stein, profesor del departamento de dirección de personas de IESE. “Lo idóneo sería cambiar durante un tiempo de empresa. Eso enriquece la perspectiva del profesional. Es interesante salir de nuestro ámbito habitual y si se puede cambiar de país mejor que mejor. Al final terminamos leyendo los mismos periódicos, viendo las mismas películas, coincidiendo con la misma gente en los mismos restaurantes… Tenemos unos hábitos que nos uniformizan y dificultan nuestra capacidad de innovación”, añade este experto.

Carlos Alemany, director en España de la empresa de cazatalentos Korn/Ferry, considera importante que todo profesional, en un determinado punto de su vida laboral, haga un balance de su carrera para poder reorientarla en caso de que no esté contento con ella. “Suelo recomendar a los ejecutivos que cojan una hoja. En una cara les pido que escriban cuáles eran sus aspiraciones laborales cuando comenzaron su carrera; en la otra deben poner lo que han conseguido. Muchas veces las dos listas no tienen nada que ver. En esos casos es importante tomarse un periodo para la reflexión, de lo contrario vas a tener siempre más de lo mismo”, explica.

Todo el mundo tiene un momento clave en su vida profesional. Para Ferran Adrià este momento llegó en 1987, justo el año en que se convirtió en el único chef de El Bulli, y tuvo lugar en la Fundación Escoffier de Cannes. En esta localidad francesa asistió a una demostración culinaria impartida por Jacques Maximin. De la intervención del célebre cocinero francés se quedó con una frase que ha marcado su carrera: “Creatividad significa no copiar”. Más de dos décadas después, y coronado como el mejor cocinero del mundo, Adrià decide parar. En 2012 y 2013 El Bulli permanecerá cerrado al público. Será un periodo que dedicará a “reflexionar, programar y preparar” el nuevo formato del restaurante para los años siguientes. Adrià quizás se haya dado cuenta de que corría el riesgo de copiarse a sí mismo y, para no traicionar la máxima de Escoffier, ha preferido hacer un alto.

Una de las personas que mejor conoce a Adrià, tanto desde el punto de vista personal como profesional, es Marcel Planellas. Profesor de Empresa de Esade, Planellas elaboró tras una minuciosa investigación el caso de Adrià en 2007. Este trabajo, que ahora estudian los alumnos de la escuela de negocios, basa su tesis en la creatividad como elemento diferencial y clave del éxito de El Bulli. El restaurante no es ni el más lujoso ni el mejor situado y por eso debe usar otras armas para atraer clientes. Esa arma es la innovación, el talento. Es una baza que, sin embargo, tiene como peaje un enorme desgaste, lo que justificaría la decisión del chef de tomarse un periodo de reflexión.

“El modelo exige un gran esfuerzo y ha forzado a Adrià a dosificarse. Primero tuvo que abrir sólo medio año, luego optó por dar sólo cenas y ahora le lleva a anunciar el cierre de los servicios durante dos años”, explica Planellas. Este profesor compara la labor de Adrià con el de los diseñadores, que cada cierto tiempo tienen que presentar una colección en la pasarela y someterse al juicio de la crítica. “El Bulli no da a Adrià ingresos sino reputación que es la que le permite abrir otros negocios como la consultoría, la publicidad, que son las que le hacen ganar dinero para poder comprar su libertad creativa”.

Planelles cree que todos los trabajadores que deciden tomarse un periodo de reflexión en algún momento de su carrera deben hacerse preguntas vitales, ser conscientes de lo que quieren conseguir, marcase objetivos. También se ha de asumir que esta alternativa implica riesgos.La alternativa es quedarse igual. Dejar un entorno estable y embarcarse en otro proyecto es una incertidumbre. Nadie nos garantiza que el nuevo puesto sea mejor, pero al menos habremos crecido como personas. La mejor decisión de futuro es protagonizarlo”, enfatiza el profesor de Esade.

A diferencia de lo que ocurre en otros países desarrollados, la cultura del año sabático está poco extendida en España. Esta falta de práctica explica en parte la reacción de escepticismo que ha tenido mucha gente tras conocer la decisión de Adrià, vinculando ese tiempo de parón a vacaciones cuando el cocinero ha reiterado que se tratará de una fase de trabajo aunque no de cara al público.

En EE UU, por ejemplo, nadie se llevó las manos a la cabeza cuando el vicepresidente ejecutivo de Oracle, Charles Rozwat, decidió el pasado verano tomarse un año sabático. Tras la compra de Sun Microsystems y el lanzamiento de uno de los paquetes de software más ambiciosos de la compañía, Rozwat comunicó que se había matriculado para realizar un máster en Administración Pública en la Universidad de Harvard, donde pasará un año acudiendo a clase.

“La imagen que tenemos los españoles de los periodos sabáticos es claramente diferente por un aspecto cultural”, argumenta Juan Mateo. “En los países anglosajones, contrariamente a lo que podría pensarse porque el protestantismo sitúa el trabajo como lo más importante y se relaciona directamente con la felicidad, es donde hacen más hincapié en la teoría del año sabático porque saben que el descanso facilita y mejora la productividad”, añade.

En el mapa empresarial español uno de los pocos y más conocidos ejemplos de periodos sabáticos fue el protagonizado por Juan Arena. En 1999 el entonces consejero delegado de Bankinter decidió marcharse a Harvard para completar su formación. “Necesitaba entender lo que significaba Internet. La penetración de la web en España era muy pequeña y por tanto la experiencia era muy corta. Necesitaba ver un mundo mayor, distinto al de aquí”, explica. Arena considera que esta experiencia ha sido una de las mejores de su vida porque le abrió “un mundo de posibilidades” y le ayudó a proponer cambios en el modelo de negocio de Bankinter.

Este directivo califica de “excelente” la decisión de Adrià. “Me hace sentir un enorme respeto por él”. Sin embargo, reconoce que no es fácil tomar una decisión de este tipo. “No sólo porque a veces no se entiende en el entorno sino porque también implica un cierto riesgo personal y porque en el fondo da pereza asumir ese riesgo”. Eso sí, reivindica las ventajas de hacer un alto en el camino. “Te enfrentas a cosas nuevas que te obligan a reflexionar, a mirar el mundo de otra manera, a cambiar. En definitiva, te hace rejuvenecer, te hace sentirte que estás empezando de nuevo”.

Como reconoce el ex consejero delegado de Bankinter, que un profesional en España anuncie que se va a tomar un tiempo de descanso, aunque éste sea activo y dedicado a la formación, todavía está mal visto e incluso puede llegar a estigmatizar a la persona que decide dar este paso. “Las cosas están cambiando, pero no muy rápido”, señala Juan Mateo. “El año sabático se vincula todavía con profesionales raros, conflictivos. Todo el mundo apuesta por la formación pero cuando llega una crisis una de las primeras partidas que rebajan las empresas es la destinada a formación”.

Esta opinión es compartida por Carlos Alemany: “En España, cuando alguien salta de una actividad a otra se le mira con poca apertura de miras, se le ve como alguien poco consistente cuando en realidad puede ser todo lo contrario. Por eso la vuelta tras un año sabático es muy complicada. Vemos a estas personas diferentes a nosotros”. Sin embargo, este head hunter cree que la decisión de parar para reciclarse es un camino que habrá que seguir. “Sobre todo porque la mitad de los empleos actuales ya no existirán dentro de 15 años”.

El profesor Guido Stein de IESE, cree que a las personas que optan por tomarse un año sabático en las circunstancias actuales hay que reconocerles al menos el mérito de la valentía. “El mercado laboral ahora es como uno de esos autobuses que circulan por las carreteras de algunos países en vías de desarrollo que de tan llenos que van sale la gente hasta por las ventanas. Hay mucha gente que quiere tu puesto y quizás cuando quieras subirte al autobús no haya sitio para ti”. El Bulli ha sido elegido durante varios años seguidos como el mejor sitio para comer del mundo. ¿Conseguirá Adrià recuperar el centro cuando vuelva? Todo es posible con el gran alquimista de la cocina moderna. Aunque sus rivales ya están afilando los cuchillos.

marzo 24, 2009

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Papá dame un respiro

febrero 25, 2009

CARL HONORÉ 12/10/2008, Publicado en El País.

Los adultos han secuestrado la infancia de los niños. El impulso de modelar a los hijos con un celo sobrehumano, la llamada “hiperpaternidad”, evidencia el fracaso del modelo infantil actual. Es lo que el autor de ‘Elogio de la lentitud’ defiende en su nuevo libro, ‘Bajo presión’. Y se pregunta, en este texto para ‘El País Semanal’, qué significa ser niño y padre en el siglo XXI.

Todo comenzó durante una reunión de padres en una escuela de Londres. La opinión que los profesores me dieron sobre mi hijo era buena, pero cuando entramos en la clase de arte, los halagos aumentaron a niveles inesperados. Uno de sus trabajos, un boceto de un mago realizado al estilo de Quentin Blake, estaba colgado en la pared con chinchetas como modelo para los demás alumnos. Por debajo del retrato, mi hijo había pintado la cabeza de un hombre desde diferentes ángulos. La profesora de arte lo descolgó para enseñármelo.

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“Es increíble que un niño de siete años, por iniciativa propia, haya representado la perspectiva de esa forma”, me decía entusiasmada. “Su hijo, verdaderamente, destaca en clase. Es un joven artista superdotado”.

Y ahí estaba, la S de esa palabra de 11 letras que produce taquicardia a cualquier padre: superdotado.

Aquella noche me puse a buscar en Google cursos y profesores particulares de arte para cultivar el don de mi hijo. En mi mente desfilaban las imágenes del que podría ser el próximo Picasso. Hasta la mañana siguiente. “Papá, yo no quiero un profesor particular, sólo quiero dibujar”. Me confesó mientras desayunábamos. “¿Por qué los adultos siempre tienen que controlar todo?”.

Su pregunta me impresionó bastante. A mi hijo le encanta dibujar. Puede pasar horas inclinado sobre un trozo de papel inventando extrañas formas de vida, diseñando complicados libros de cómics o haciendo bocetos de Ronaldo dando patadas a un balón. Dibuja bien y se siente feliz con ello. Pero, por alguna razón, esto no era suficiente. Una parte de mí quería aprovechar esa felicidad, pulir y sacar partido de su talento, convertir su arte en un éxito. Mi hijo tenía razón: estaba intentando controlar todo.

Aquella conversación a la hora del desayuno resultó ser uno de esos momentos reveladores que le cambian a uno la vida. Me hizo darme cuenta de que, como padre, estaba perdiendo el equilibrio. También me inspiró para escribir Bajo presión: cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.

Para realizar la investigación del libro pasé dos años viajando por toda Europa, América y Asia analizando la situación de la infancia en la actualidad. Visité colegios, guarderías, clubes deportivos, laboratorios y ferias de juguetes; me entrevisté con profesores, entrenadores, concejales, publicistas, policías, terapeutas, médicos y cualquier experto en desarrollo infantil. Hablé también con cientos de padres y de niños, y seleccioné las últimas investigaciones científicas.

Lo que descubrí es que los adultos han secuestrado la infancia de los niños de una manera nunca vista hasta ahora. Bajo presión explora el porqué del fracaso del modelo infantil actual y ofrece propuestas de todos los rincones del mundo para ayudarnos a encontrar una solución. El libro no es un manual para padres. Mi intención va más lejos: redefinir lo que significa ser niño y padre en el siglo XXI.

Desde luego, el impulso de controlar al milímetro a los niños no es nuevo. Hace 2.000 años, un maestro llamado Lucius Orbilius Pupillus identificó a los padres con demasiadas ambiciones para sus hijos como gajes del oficio en las aulas de la antigua Roma. Cuando el joven Mozart hizo prodigios que se pusieron de moda en el siglo XVIII, muchos europeos educaron a sus propios chicos con la esperanza de conseguir niños prodigio. Hoy día, sin embargo, la presión por conseguir lo mejor de nuestros niños parece que consume todo el tiempo disponible.

Como padres, sentimos el empeño de empujar, modelar y educar a nuestros hijos con un celo sobrehumano para darles lo mejor de todo y hacer de ellos los mejores para todo. Pensemos en la colección de DVD de Baby Einstein o en la de yoga para niños; en el último modelo de iPod; o en los GPS con dispositivo de localización para las mochilas; clases de ballet, de fútbol, de cerámica, de yoga, tenis, rugby, piano, yudo. Sentimos que fracasamos si nuestros hijos sufren de algún modo y no brillan como artistas, profesores o atletas.

En todo el mundo, esta forma de controlar al milímetro la educación de los niños es conocida con diferentes nombres. Algunos la llaman “hiperpaternidad”. Otros se refieren a ella como padres helicóptero, porque siempre están vigilando. Los canadienses bromean con los padres quitanieves, que marcan un camino perfecto en la vida de sus hijos. Incluso en los países nórdicos, donde se supone que viven gloriosamente relajados, se habla de padres curling: mamá y papá despejando frenéticamente el hielo por delante de su hijo.

Está claro que no todas las infancias son iguales. No se encuentran muchos niños superprotegidos en los campos de refugiados de Sudán o en las chabolas de Suramérica. Incluso en los países desarrollados hay millones de jóvenes, sobre todo entre familias humildes, que tienen más probabilidades de padecer poca protección que de estar sobreprotegidos. Seamos honestos: la mayoría de los padres helicóptero proceden de la clase media. Aunque esto no significa que este aspecto cultural afecte solamente a la gente acomodada.

A medida que un cambio social se produce, la clase media en general marca el camino a seguir. Y, además, el exceso de protección de los niños está minando la solidaridad social, ya que cuanto más obsesionadas están las personas con sus propios hijos, menor es el interés por el bienestar de los demás.

Los padres también forman parte de esta ecuación. Fuera de casa, todos, desde los gobiernos hasta la industria publicitaria, tratan de manipular la atención de los niños para ajustarla a sus propios planes. Recientemente, un grupo de parlamentarios ingleses advirtió de que hay muchos niños cuyo sueño es crecer para ser hadas, princesas o estrellas de fútbol. La solución que plantearon: aconsejar a los niños de cinco años sobre la profesión que querían ejercer de mayores.

El consumismo ha entrado sigilosamente en cada rincón de las vidas de los niños, algo que parecía intocable. Sólo el simple hecho de dormir en casa de una amiga se ha convertido en estos momentos en una oportunidad para empresas publicitarias como la Agencia de Inteligencia Infantil, que patrocina fiestas en las que las adolescentes prueban nuevos productos y rellenan cuestionarios. Los trabajadores de McDonald’s visitan los hospitales para entregar a los niños juguetes y globos, así como folletos para promocionar su comida. Juntando estos datos, estimamos que muchos niños ven hoy día unos 40.000 anuncios al año.

Al mismo tiempo que permitimos que nuestros hijos se entreguen al consumismo, les protegemos entre algodones y les prevenimos ante riesgos que realmente les harían bien. En muchos países, los gobiernos han prohibido actividades peligrosas tales como las canicas, el juego de corre que te pillo o las peleas de bolas de nieve. Casi la mitad de los niños ingleses con edades comprendidas entre los 8 y los 12 años nunca se han subido a un árbol porque sus padres piensan que es muy peligroso. No importa que en la mayoría de los países el delito de pedofilia sea menos frecuente de lo que era hace una generación (ocupa más espacio en las portadas de los medios). Tenemos tanto pánico a que nuestros hijos puedan convertirse en un caso similar al ocurrido con Madeleine McCann, que les encerramos en casa como a las gallinas.

Veamos lo que ha sucedido con la educación. Los niños reciben cada vez más pronto clases particulares y hacen evaluaciones una y otra vez con el fin de que las notas sean más importantes que el aprendizaje en sí mismo. Hoy día, más que nunca, muchos niños toman medicamentos como el Ritalin para ayudarles a concentrarse en los estudios. Al fin y al cabo, ¿qué son los medicamentos? El no va más del control al milímetro.

En la actualidad, mires donde mires, el mensaje que recibimos es el mismo: la infancia es demasiado preciosa para dejársela a los niños, y los niños son demasiado preciosos para dejarlos solos. Pero ¿esto es malo? Tal vez sea este control al milímetro de resultados. Tal vez estemos formando a los niños más sanos, más brillantes y más felices que nunca antes hayamos visto. O tal vez no.

Desde luego, deberíamos tomar con cierta precaución los informes sobre que el concepto de infancia se muere. Son muchas las ventajas de crecer en un mundo desarrollado de principios del siglo XXI: los niños tienen menos probabilidades de padecer desnutrición, abandono, violencia o muerte que en ningún otro momento de la historia. Están rodeados de comodidades impensables hace una generación. Legiones de profesores, políticos y empresas utilizan todos sus esfuerzos para procurarles nuevas fórmulas de alimentación, educación, moda y entretenimiento. La ley internacional protege sus derechos. Son el centro del universo de sus padres.

Y aun así, algo sigue mal. Todo este control al milímetro, aunque bien intencionado, está fracasando. Los niños necesitan mucha orientación y un firme empujoncito de vez en cuando, pero cuando los adultos mandan, cuando cada situación es programada, supervisada o estructurada, hay que pagar un precio.

Comencemos por la salud. Los niños, encerrados en casa y sentados en el asiento trasero del coche mientras conducimos, están creciendo más gordos que nunca. La Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad calcula que en el año 2010, el 38% de los niños menores de 18 años de Europa y el 50% de los de América del Norte y del Sur serán obesos. Más aún, los kilos de más les están condenando a padecer enfermedades coronarias, diabetes tipo 2, arterioesclerosis y otros desórdenes en otro tiempo típicos de adultos.

Los niños deportistas también sufren. Los jóvenes que realizan mucho ejercicio acaban agotados. Lesiones como rotura del ligamento cruzado anterior, antes muy comunes entre atletas profesionales y universitarios, abundan ahora entre los estudiantes de secundaria y son tremendamente frecuentes entre los niños de 9 y 10 años.

Y tal como funciona el cuerpo, así lo hace la mente. La depresión y la ansiedad infantil -y el abuso de drogas, autolesiones y suicidio que a menudo los acompañan- no son hoy día más comunes en los guetos urbanos, sino en los elegantes barrios del centro de las ciudades y en las arboladas zonas residenciales de las afueras donde la emprendedora clase media ejerce su presión sobre los niños.

Los niños controlados al milímetro pueden pasarlo muy mal para valerse por sí mismos. Los servicios de orientación psicopedagógica de las universidades reconocen que hay cifras récord de estudiantes con depresión. Y los profesores comentan que algunos jóvenes de 19 años, en el transcurso de una entrevista, les entregan su teléfono móvil con estas palabras: “¿Por qué no habla usted todo esto con mi madre?”.

El cordón umbilical permanece intacto incluso después de terminar la carrera. A la hora de contratar titulados recién salidos de la universidad, importantes empresas como Merrill Lynch han comenzado a lanzar lo que llaman “paquetes para padres”, o jornadas de puertas abiertas compartidas para que mamá y papá puedan visitar sus oficinas. Muchos padres incluso les acompañan a las entrevistas de trabajo para ayudarles a negociar las condiciones de sueldo y vacaciones.

Algo precioso y difícil de valorar también está perdiéndose en el camino. El poeta inglés William Blake resumía la magia y lo maravilloso de la infancia de este modo:

“Para ver el mundo en un grano de arena y el firmamento en una flor silvestre, coge el universo en la palma de tu mano y la eternidad en una hora”.

Hoy día, los niños están demasiado ocupados corriendo de un lado para otro con clases de violín o clases particulares de matemáticas para coger el universo en la palma de sus manos. Y esa flor silvestre parece que da un poco de miedo. ¿No será que tiene espinas o que el polen provoca reacción alérgica?

La realidad es que los niños necesitan tiempo y espacio para explorar el mundo por sí mismos: así es como aprenden a pensar, a imaginar y a tener relaciones; a tomar gusto por las cosas; a saber qué quieren ser en lugar de ser lo que nosotros queremos que sean. Cuando los adultos controlan al milímetro la infancia de los niños, éstos pierden todo lo que da satisfacción y sentido a la vida: pequeñas aventuras, disfrutar del sentimiento anárquico, viajes secretos, juegos, contratiempos, momentos de soledad e incluso de aburrimiento. Sus vidas se convierten en extrañamente sosas, sin logros personales y en cierta medida aburridas y artificiales. Pierden la libertad de ser ellos mismos, y lo saben. “Soy el gran proyecto de mis padres”, dice Ana Placente, una niña de 13 años de Madrid. “Incluso cuando estoy a su lado, hablan de mí en tercera persona”.

Y no olvidemos lo que toda esta presión produce también en los adultos: cuando el cuidado de los hijos se convierte en un cruce entre el desarrollo de un producto y un deporte de competición, la paternidad pierde su mágico sentido.

Pero no todo son malas noticias. La buena noticia es que el cambio ya se está produciendo. En Europa, Asia y América, la gente está haciendo cosas para cambiar la situación, para dar a los niños más libertad para explorar el mundo a su ritmo, para permitirles ser niños de nuevo. Los colegios están poniendo freno a la obsesión de hacer exámenes y reducen los trabajos que tienen que hacer en casa -se han dado cuenta de que los alumnos reflexionan, estudian por sí mismos y aprenden mejor cuando tienen más tiempo para relajarse-. Hace poco tiempo, el colegio Cargilfield, un centro privado de Escocia, prohibió los deberes a los alumnos de entre 13 y 15 años. En un año, las notas de los exámenes de matemáticas y de ciencia mejoraron cerca de un 20%. Los niños también tienen más tiempo para disfrutar y jugar. “Es mucho mejor que se diviertan cuando son pequeños y no dediquen el día a hacer deberes”, dice John Elder, director del Cargilfield. “Estamos aquí para divertirnos y nunca más tendremos la oportunidad de volver a ser jóvenes”. Toronto se ha convertido este año en la primera ciudad de Canadá y América del Norte en suprimir por completo los deberes a los niños de cualquier edad.

Con el fin de dar un respiro al apretado programa de los niños, numerosas ciudades en todo el mundo les permiten tomar días libres cuando las actividades extraescolares se suspenden. Muchas familias se sienten liberadas por no tener que ir a kárate o a fútbol y tener que salir corriendo de casa, lo que reduce sus planes durante el resto del año. Las universidades más selectas también están lanzando un mensaje similar. El Instituto Tecnológico de Massachusetts ha cambiado recientemente la solicitud de ingreso, poniendo menos énfasis en el número de actividades extraescolares en las que un aspirante se puede inscribir y más en aquellas otras que realmente le interesen. Incluso la reconocida Harvard insta a los estudiantes de primer año a que comprueben su apretado programa antes de matricularse. En una carta publicada en la página web de la universidad, el antiguo decano Harry Lewis advierte a los estudiantes de que enriquecerán más sus vidas si se dedican a hacer lo que despierta verdaderamente su interés y no concentran todo su tiempo y esfuerzo en numerosas actividades. “Es más probable que consigan los objetivos que requiere el intenso ritmo de estudio si se permiten de vez en cuando tener tiempo libre, diversión y momentos de soledad, en lugar de llenar su agenda de actividades programadas que les impedirán pensar qué es lo que realmente quieren hacer”. Lewis también hace hincapié en la idea de los jóvenes de conseguir un mejor puesto de trabajo si presentan un currículo perfecto. “Conseguirán un mayor equilibrio en sus vidas si realizan actividades puramente por entretenimiento y no con el objetivo de obtener un liderazgo que pudiera ser una credencial para conseguir empleo. El tiempo libre que pasen con sus amigos o compañeros de habitación podrá tener mayor influencia en sus vidas que el contenido de muchos de los cursos en los que se inscriben”. El título de la carta es un mensaje claro y directo contra la cultura de la programación excesiva. Dice así: “Tranquilos: cómo sacar más provecho de Harvard haciendo menos”.

Ya hay muchas familias en todo el mundo, como los Kessler en Berlín, Alemania, que están haciéndose cargo de esta situación. Para ellos, el momento crucial llegó cuando sus hijos -Max, de siete años, y Maya, de nueve- empezaron a pelearse. Su madre, Hanna, se dio cuenta de que el gran número de clases extraescolares que tenían -violín, piano, fútbol, tenis, esgrima, voleibol, taekwondo, bádminton y clases particulares de inglés- les estaba distanciando. “Cuando era pequeña, tenía mucho tiempo libre para estar con mis hermanos; nos llevábamos, y nos seguimos llevando, muy bien”. “Cuando observé el repertorio de actividades de mi familia, me di cuenta de que Max y Maya no tenían casi tiempo para estar juntos porque uno u otro siempre salían de casa corriendo para ir a alguna de sus clases”. Decidió reducir a tres el número de actividades extraescolares por niño. Los niños no echan de menos los cursos que eligieron dejar y la armonía entre los hermanos ha vuelto al hogar de la familia Kessler. “Ahora nos llevamos muy bien”, dice Maya. “Nos divertimos mucho juntos”. Max pone los ojos en blanco. Maya le fulmina con la mirada y parecería que, por un momento, las viejas hostilidades podrían reanudarse. Aunque los dos se ponen a reír. Hanna sonríe. “Nunca más volveremos a estar tan ocupados”, reconoce.

Con el objetivo de que los jóvenes vuelvan a disfrutar haciendo deporte, las ligas deportivas están tomando medidas drásticas contra los padres que dan alaridos desde los banquillos, y están haciendo hincapié en que lo importante es aprender y disfrutar jugando, y no el hecho de ganar a toda costa. Un equipo de hockey sobre hielo de Toronto compuesto por niños de 10 años ha dejado de hacer estadísticas sobre sus resultados personales garantizando que cada niño, independientemente de su capacidad, juega el mismo tiempo. El resultado: los niños han vuelto a interesarse por el hockey, han mejorado su juego y han ganado casi veinte torneos en tres años.

Incluso los padres defensores a ultranza del deporte están aprendiendo a relajarse. Vicente Ramos, un abogado de Barcelona, tenía por costumbre controlar desde los lados del campo a su hijo Miguel, de 11 años, mientras jugaba al fútbol. La mayoría de las veces le gritaba: “¡Corre hacia el centro! ¡Pasa la pelota! ¡Recupera la posición!”. Después, cuando volvían a casa en el coche, le comentaba el partido y le ponía muy poca nota. Un día, Miguel, un chico fuerte, ágil y con una habilidad increíble para tirar con el pie izquierdo, le dijo que no quería jugar más al fútbol. “Me quedé anonadado”, dice Ramos. “Nos peleamos y discutimos gritándonos, y al final me reconoció que estaba enfadado conmigo porque siempre le estaba controlando”.

Ramos decidió tomárselo con calma. Ahora, lleva a Miguel algunas veces al campo y se queda esperándole tomando un café en un bar cercano. Si decide quedarse en el banquillo, le hace muy pocos comentarios. Cuando vuelven a casa, no le corrige y a menudo los dos hablan de muchas otras cosas que no son fútbol. Ramos se siente sorprendido y aliviado al comprobar que su humor ha cambiado al no pensar si su hijo ha tenido suerte o no en el campo. Y lo más importante es que Miguel ha redescubierto su amor por el fútbol y siente que juega mejor. “Ahora sólo pienso en el juego y en lo que voy a hacer con la pelota en vez de sentirme agobiado esperando los gritos de mi padre”, reconoce. “Es un gran alivio”.

Otra de las situaciones que también está cambiando es nuestra tendencia a envolver entre algodones a los chicos para protegerles del más mínimo riesgo. Los niños de tres años de un jardín de infancia de Escocia pasan el día en el campo soportando el riguroso frío, haciendo hogueras y conociendo las setas más venenosas. Seguro que se hacen arañazos o se queman, pero vuelven al colegio más felices y seguros de sí mismos, y menos propensos a enfermedades y alergias. Y si no, hojeen el éxito mundial El libro peligroso para niños, un práctico manual lleno de ideas para que los chicos se diviertan con todo tipo de juegos de alto riesgo, desde carreras de karts hasta cómo hacer tirachinas o catapultas.

Todos estos cambios implican un menor control en la atención hacia los niños y en permitir que las cosas sucedan por sí mismas en lugar de forzarlas. Pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos colegios, deportes, publicidad, tecnología y planes urbanos más adaptados a las necesidades infantiles. Tenemos que volver a la idea de que una parte esencial de la salud infantil es que jueguen solos, sin metas y objetivos. Una buena idea para empezar sería dejarles una o dos horas al día entretenerse ellos mismos sin la ayuda de adultos o de ordenadores.

Aunque para conseguir los objetivos, los padres tienen que aprender a relajarse. Pero ¿cómo sabemos si estamos forzando demasiado a nuestros hijos? No siempre es fácil, porque la línea entre los padres que se ocupan y los que se ocupan en exceso puede ser muy fina, aunque, con todo, hay señales indicadoras de peligro. Puede que se extralimite si le hace los deberes a su hijo o que le grite hasta quedarse ronco mientras juega en un acontecimiento deportivo; tal vez le espía mientras navega por las páginas de MySpace o no le permite arriesgarse, tal y como usted hacía a su misma edad; o quizá comprueba que se ha quedado dormido en el coche de camino a una de sus actividades extraescolares o a lo mejor le recita palabra por palabra lo que ha hecho mal.

El primer paso para relajarse sería dejar de lado el perfeccionismo. No hay una receta mágica para ser padres. La ansiedad y las dudas son una parte natural de la educación y no una señal para comenzar a controlarles al milímetro incluso con más firmeza. La infancia no es una carrera que sólo pueden ganar los mejores, los niños alfa. Cada niño es diferente. Observe a las personas de su entorno social que más admira: comprobará que han seguido varios caminos hasta llegar a ser adultos. Muchos de ellos probablemente hayan madurado tarde. Y la mayoría han prosperado en la vida gracias a no haber sido controlados al milímetro desde su nacimiento.

Aun así, una menor atención no es siempre la mejor solución. Tenemos que actuar con mano dura si queremos proteger a nuestros hijos del consumismo. Por eso, muchos padres de todo el mundo han emprendido una campaña para impedir a las empresas poner anuncios publicitarios en los colegios. Hay también una reacción contra la tendencia a celebrar fiestas de cumpleaños por todo lo alto. Son numerosos los padres que están poniendo límite al importe de los regalos e incluso eliminándolos por completo. Otros acuerdan con los invitados un importe máximo. En otras palabras, los padres están aprendiendo de nuevo el arte olvidado de decir “no”.

Hay muchos niños hoy día que realmente necesitan escuchar con más frecuencia la palabra “no”. Aunque, al mismo tiempo que invertimos tiempo, dinero y energía en ayudar a nuestros chicos a tener un currículo impecable, tendemos a titubear cuando se trata de impartir disciplina. Parece más fácil decir sí a jugar una hora más con la Nintendo o a que dejen su cuarto desordenado. Pero los niños necesitan disciplina y firmeza de vez en cuando. Los límites les ayudan a sentirse seguros y a estar preparados para la vida en un mundo construido a base de compromisos y reglas. A veces, los niños necesitan que les digamos “no”.

El resultado final es que cuando se trata de la educación de un hijo, tenemos que aprender cuándo hacer más y cuándo hacer menos, cuándo ser blandos o cuándo ser duros. Por desgracia, los padres no podemos comprar o alquilar esa sabiduría: nos sale de dentro. Conocemos a nuestros hijos como nadie, lo que significa que lo mejor para un padre es confiar en nuestros instintos. Escribí Bajo presión para dar a los lectores confianza para poner límites a la presión social y a los mensajes confusos de la industria publicitaria y de los medios de comunicación a fin de encontrar el equilibrio que mejor convenga a su familia.

En cuanto a mí, bueno, me siento mejor porque logré encontrar ese equilibrio. Hace poco, mi hijo me dijo que tenía intención de matricularse en un centro para dar clases de dibujo. Conseguí mostrar mi satisfacción sin decir “te lo dije”. Es su decisión y sé que tiene que ser así. Sólo espero recordar aquella lección cuando vaya a organizar su primera exposición.

Traducción de Virginia Solans. ‘Bajo presión’, el último libro de Carl Honoré, editado por RBA, está ya a la venta.

Sangre de mujer

enero 4, 2009

 Con un balance de 73 mujeres asesinadas en 2008 a manos de sus parejas o ex-parejas, merece la pena destacar algunos de los puntos e ideas que lanzan varios expertos y expertas en el reportaje que El País dedica hoy domingo a la violencia de género:

  • Las soluciones empezarán a llegar con nuestros hijos, a los que hay que dar una educación diferente de la nuestra, no machista”. (Sonia Chirinos, fiscal)

  • Éste no es un asunto femenino. Los hombres se sienten en gran medida ajenos al problema: “Somos el grupo social del que sale la violencia machista. El problema es, esencialmente, masculino. Hasta ahora, muchos hombres han considerado que era suficiente con no ser ellos maltratadores para situarse al margen del problema. Pero no: es necesario cambiar los mandatos del machismo”. (Antonio García, miembro de la coordinadora de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género)

  • “Se enseña a vivir en pareja desde la desigualdad. La parte que ha sido educada para luchar (el papel masculino) recluye a la preparada para amar y cuidar (el femenino), cortándole la autonomía. Es el prejuicio de la dominación”.(Ángel Gramage, terapeuta de familia y miembro del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid)

  • El maltrato nace no sólo de una mala educación sobre el papel de la mujer, también del uso de la violencia para resolver conflictos. “Si los niños ven en casa que ejerciendo la violencia te sales con la tuya, seguirán ese camino”.(Enrique Echeburua, terapeuta)

  • Aunque las llamadas a atajar el problema desde la educación son constantes, por el momento no ha habido grandes intervenciones. Una investigación publicada el pasado 17 de noviembre por la Facultad de Sociología de la Universidad del País Vasco demostraba que los jóvenes de entre 15 y 20 años conciben el maltrato como una acción que admite diferentes niveles de intensidad y, por tanto, de tolerancia.

  • Es fundamental no regalar justificaciones al asesino: “el crimen pasional es un concepto romántico para explicar un acto horrendo; el crimen por compasión (ancianos que matan a su pareja por no poder cuidarla y luego se suicidan), una nueva versión de impotencia y sentido de la propiedad. “Siempre hay un hecho precipitador, o una simple excusa: una pelea, el miedo a que te abandonen, a no responder a las expectativas, pero el problema es que estos individuos no saben resolver los conflictos”, concluye. (Isabel Iborra, especialista)

  • No hay un prototipo de maltratador. El cruce de perfiles psicológicos y un estudio de casos del Consejo General del Poder Judicial muestra un tipo que ni está loco, ni es drogadicto ni alcohólico, sino un español de entre 25 y 40 años con un trabajo poco cualificado que actúa en pleno uso de sus facultades mentales.

  • Hay mujeres que sufren a veces alteraciones cognitivas. Incluso chicas muy jóvenes aceptan el control masculino como una demostración de cariño, como un corolario a la pasión.

  • Falta de preparación y sensibilidad de muchos letrados y jueces.

  • Falta activar programas específicos de asesoramiento y sensibilización a mujeres y hombres inmigrantes.

  • Escasez de recursos con que la ley pretende sacar adelante sus ambiciosos postulados: “En Madrid, entre 20 y 50 mujeres dependen de un solo policía. ¡A ver cómo las controla si le llaman dos a la vez! Si no estás de guardia, llegas y ya la han matado cien veces. Tienes que hacer de guardaespaldas, de psicólogo, y no estamos formados para eso… Es una responsabilidad terrible” (Alfredo Perdiguero, portavoz del sindicato Unión Federal de Policía)

  • Ausencia de inversión en los programas de rehabilitación.

La suma de los totales en este caso es 73. El número total de muertes este año.

Parece difícil parar esta lacra. Seguir sensibilizando la sociedad, entender mejor qué mueve al maltratador, invertir más en educación desde la infancia y en medios legales son la clave. Y sobre todo nunca arrojar la toalla. El camino es largo pero funciona. Y el primer sintoma de este cambio es el debate social y la marginación de este modelo masculino que obliga a adoptar medidas a los Gobiernos.

“Mileuristas” para siempre

diciembre 12, 2008

Interesante artículo publicado en el País de hoy 12 de diciembre. Da que pensar. O más bien, da que llorar.


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